lunes, mayo 18, 2026
Inicio OPINIÓN PUNTO DE CIENCIA

PUNTO DE CIENCIA

Dra. María Eugenia Molar Orozco

El cambio empieza con los niños

¿Qué piensas cuando escuchas frases como estas?

“Tu basura, tu responsabilidad”.

“La basura que ignoras hoy será el problema de mañana”.

“Solo los humanos producimos desperdicios que la naturaleza no puede digerir”.

Son mensajes que invitan a reflexionar sobre nuestro papel en el planeta, el único hogar que tenemos. Sin embargo, más allá de la reflexión, la realidad es evidente, generamos basura todos los días y, en muchos casos, no asumimos las consecuencias.

Basta observar lo que ocurre en nuestras ciudades. Durante la temporada de lluvias, las calles se inundan y los drenajes colapsan. ¿La causa? En gran medida, la acumulación de residuos arrojados previamente sin pensar en sus efectos. A esto se suma la contaminación del suelo y del agua. Toneladas de desechos llegan a ríos y mares, afectando a la vida marina. Se han encontrado plásticos en el estómago de peces y otros organismos y, eventualmente, esa contaminación regresa a nosotros a través de los alimentos.

Entonces, ¿por qué seguimos actuando de esta manera? Una de las principales razones es la falta de hábitos y cultura ambiental. Muchas de estas conductas se aprenden o no se corrigen desde casa. La forma en que cuidamos nuestros espacios refleja, en gran medida, nuestra manera de entender el entorno.

Aprendemos por imitación. Desde pequeños observamos lo que hacen los adultos y lo replicamos. La familia es la primera escuela, seguida por la sociedad, la escuela y los amigos. En este proceso, los hábitos se forman y se consolidan. Si un niño crece en un entorno donde se tira basura o no se separan los residuos, es probable que reproduzca esas conductas en su vida diaria.

A esto se suma un contexto donde predomina la cultura del consumo inmediato. Vivimos en una sociedad que privilegia lo desechable. Usamos y tiramos sin cuestionar. Poco a poco hemos dejado de lado prácticas fundamentales como reducir y reutilizar, que son clave para disminuir nuestro impacto ambiental.

Frente a este panorama, los niños representan una oportunidad real de cambio. En edades tempranas son curiosos, observadores y están abiertos a aprender. También cuestionan, se sorprenden y, sobre todo, adoptan hábitos con mayor facilidad que los adultos.

Por ello, es fundamental generar estrategias que les permitan comprender la importancia del cuidado del medio ambiente. No se trata solo de decirles qué hacer, sino de involucrarlos activamente. Existen diversas formas de lograrlo, como talleres educativos donde aprendan a separar residuos, reutilizar materiales o reflexionar sobre el impacto de la basura en su entorno.

Otra alternativa son las exposiciones itinerantes, que llevan estos temas a distintos espacios como escuelas, parques o centros comunitarios. A través de recursos visuales, actividades interactivas y experiencias sensoriales, los niños pueden conectar de manera más directa con la problemática. Este tipo de iniciativas no solo informan, sino que generan conciencia y motivan la acción.

Además, los niños no solo aprenden: también influyen. Es común que cuestionen a los adultos con preguntas simples pero contundentes: ¿Por qué tiraste basura?” o “¿Por qué no reciclamos?”

Estas intervenciones, aunque parezcan pequeñas, tienen un gran impacto, ya que invitan a la reflexión dentro del núcleo familiar.

En ellos existe una semilla de cambio que debe cultivarse. Si se les brindan las herramientas adecuadas, pueden convertirse en agentes activos en la construcción de una cultura ambiental más responsable.

El cambio no ocurre de un día para otro, pero sí puede comenzar con pequeñas acciones. Y muchas veces, esas acciones nacen de la mirada de un niño.

 

Dra. María Eugenia Molar Orozco

Facultad de Arquitectura, Unidad Sureste

mariamolar@uadec.edu.mx