
Transformemos nuestro futuro
Hace unos días recordaba el tiempo en el que nuestros padres y nuestros abuelos nos enseñaron con su ejemplo a tomar decisiones con visión al futuro. Aprendimos que la cosecha del futuro sería proporcional a las decisiones y acciones en el presente.
Y crecimos viviendo en coherencia para lograr una estabilidad en el futuro y un terreno rico en donde pudiéramos sembrar nuestras semillas: tener un trabajo estable que nos permitiera echar raíces profundas, gozar de una familia y un hogar para descansar y disfrutar de nuestro esfuerzo, y planificar nuestro retiro para vivirlo en paz y con seguridad.
Y, con nostalgia, observo que, para los jóvenes, llenos de autenticidad, ideales, sueños y esperanza, es más difícil vislumbrar un futuro prometedor o estable. Tanta volatilidad y cambios repentinos les impiden ajustar su brújula, tomar decisiones y vivir en paz.
Sumergidos en cambios repentinos y en una lucha constante por el poder y el control, las decisiones se toman de manera visceral, priorizando proteger “la imagen” sobre el bien de la humanidad. Una imagen que no nace de la contribución sino de la pretensión de dominio.
Y, bajo este marco, tanto jóvenes y adultos, vivimos sumergidos en la incertidumbre. Sembramos viendo que las reglas cambian de un momento a otro, con imposiciones de poder argumentadas bajo ideologías que cada vez nos alejan de lo único que tenemos en común: “ser humanos”.
Y vamos por la vida como “gallinas descabezadas”, sin saber a dónde correr, dónde se encuentra el terreno más seguro, o con quien relacionarnos, tanto en el ámbito personal y laboral… y el miedo y la ansiedad son nuestros más fieles compañeros de camino.
¿Tiene sentido pasar por esta vida viviendo con miedo a que se acabe lo que nos da certeza y seguridad?
Bajo mi punto de vista, sí lo hay. No uno que nos haga sentir cómodos sino, más bien, que nos fuerza a tomar consciencia: el miedo y la ansiedad son una señal de separación. Separación entre nosotros mismos, separación del momento presente, separación de Dios y de nuestra propia esencia, que es el amor.
Buda llamó “ansiedad y miedo” al sufrimiento por aferrarnos a los deseos del ego; Jesús nos invitó a conectarnos con Dios más allá de buscar el poder y el control humano. Ambos nos enseñaron que, el miedo, nace de la identificación con nuestros pensamientos de carencia, proyectados en un futuro desesperanzador, y con nuestro ego, que busca seguridad a través del control y la imposición con poder.
¿Por qué vivir separados y desperdiciar el maravilloso tiempo que tenemos en demostrar con la fuerza quién tiene más poder? Cuando todo el poder proviene de Dios…
La ansiedad común en jóvenes y adultos no es nuestra enemiga, sino un síntoma que nos señala creencias limitantes que requerimos transformar, límites sanos que saltamos para dominar, y heridas no atendidas que ahora gritan para llamar nuestra atención. Y que, si aprendemos a escucharlas, nos ofrecerán información valiosa para sanar, para volver a “ser humanos” y acercarnos a Dios, cultivando nuestra espiritualidad.
La práctica espiritual re-entrena la relación con la incertidumbre: en lugar de someternos a escenarios mentales, aprendemos a ser testigos, a ser presencia. Y reconocer que no somos nuestros pensamientos. Desde la neurociencia, las prácticas de conexión espiritual disminuyen la reactividad amigdalar y fortalecen la corteza prefrontal, generando una mejor regulación emocional. Como coach, esto se traduce en mayor claridad, decisiones menos reactivas y mayor confianza en nuestra capacidad de responder a la vida.
En este día me gustaría compartir contigo esta idea: la fe no se trata de credulidad, sino de construir confianza a través de hábitos que demuestran que somos capaces de sostenernos y cuidarnos, y tener certeza en que la vida responde cuando actuamos desde la coherencia.
Hoy tenemos un llamado a transformar el miedo en confianza. a través de la grandeza de nuestras almas, para que juntos calmemos la mente, cuidemos nuestro cuerpo y fortalezcamos nuestra fe. Y el camino es “juntos”. Juntos para transformar la incertidumbre en calma y autoridad interior. Nuestras vidas, nuestros sueños y nuestros jóvenes merecen este cambio, y nuestras almas agradecerán nuestra valentía. ¿Estás listo?




