
COLUMNA DE EL COLEGIO DE ECONOMISTAS, A.C.
A propósito del dia del niño: criar hijos, ¿una desición económica?
Por: Ileana Garza Reyes
Durante mucho tiempo, tener hijos fue entendido como una etapa natural en la vida de las personas, casi incuestionable. Sin embargo, en la actualidad, esta decisión comienza a replantearse bajo una lógica distinta: la económica. Cada vez más personas y parejas se preguntan no solo si desean tener hijos, sino si pueden hacerlo. En un contexto de encarecimiento del costo de vida, incertidumbre laboral y cambios en las dinámicas sociales, la maternidad y paternidad han dejado de ser únicamente decisiones personales para convertirse también en decisiones económicas.
El costo de criar a un hijo ha aumentado de manera significativa en rubros como educación, salud, vivienda y cuidado. Además, la desigual distribución de estas responsabilidades, particularmente hacia las mujeres, refuerzan la percepción de que tener hijos implica no solo un compromiso emocional, sino también una carga económica considerable. Bajo estas condiciones, no resulta extraño que la tasa de natalidad muestre una tendencia a la baja. Tan sólo en Coahuila, los nacimientos que se registraron en 2020, de acuerdo con INEGI fueron de 45,815 y para 2026 fueron 42,343.
Ahora bien, podemos entender entonces que una menor tasa de natalidad se traduce, en el mediano y largo plazo, en una reducción de la población en edad productiva, lo que puede afectar el crecimiento económico, la sostenibilidad de los sistemas de pensiones y la dinámica del mercado laboral. En otras palabras, las decisiones que hoy se toman en el ámbito privado están configurando el futuro económico del país.
Sin embargo, el análisis no debe limitarse a la preocupación por el número de nacimientos, sino a las condiciones en las que se desarrolla la infancia. Más que incentivar la natalidad, el verdadero reto radica en generar entornos que permitan a niñas y niños crecer con acceso a educación, salud, bienestar y oportunidades. Esto implica no solo recursos económicos, sino también tiempo de calidad, un recurso cada vez más limitado en un contexto donde las jornadas laborales y la falta de condiciones para conciliar vida personal y trabajo dificultan una crianza plena. La infancia no solo es una etapa de la vida, es el momento en el que se construyen las bases del capital humano que sostendrá a la economía en el futuro.
En este sentido, invertir en la infancia no debe entenderse como un gasto, sino como una estrategia económica de largo plazo. Es fundamental impulsar políticas públicas orientadas al cuidado, la educación temprana, la conciliación entre lo laboral y el bienestar familiar, ya que estas no solo benefician a las personas, sino que fortalecen la productividad y el desarrollo social. Por el contrario, la falta de inversión en estos ámbitos representa un riesgo económico significativo, al traducirse en menores niveles de crecimiento, reducción de la productividad laboral y un incremento en los costos sociales a largo plazo. Apostar por la infancia, es en esencia, apostar por un futuro más sólido y equitativo.
En el marco del Día del Niño, vale la pena reflexionar no solo sobre la importancia de celebrar la infancia, sino sobre las condiciones que estamos construyendo para ella. Porque hablar de niñas y niños no es únicamente hablar del presente, sino del futuro económico que estamos decidiendo como sociedad.




