lunes, abril 27, 2026
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PUNTO DE CIENCIA  

Psic. Amina Atziry de Julián Uceda

 Escuchar a quienes también construyen el mundo

Cada 30 de abril, el Día del Niño suele recordarnos la importancia de mirar y resguardar a las infancias. Sin embargo, pocas veces esta fecha nos invita a voltear hacia aquellas niñas y niños cuyas realidades incluyen una de las experiencias más complejas de nuestro tiempo: la migración. Entre discursos políticos, violencias, estadísticas y debates sobre fronteras, las infancias migrantes suelen aparecer únicamente como una población vulnerable, caracterizadas por la carencia, el riesgo o la dependencia. Aunque estas condiciones existen y no deben minimizarse, enfocarse en ello únicamente impide reconocer una dimensión fundamental: son también sujetos que interpretan, resisten y participan activamente en la construcción de su realidad social.

Durante mucho tiempo, la perspectiva adulta ha colocado a la niñez en un lugar de pasividad, como si niñas y niños fueran únicamente receptores de decisiones tomadas por otros. Esta visión ha sido cuestionada por los estudios sociales de la infancia, que plantean que la niñez no es solo una etapa biológica, sino también una categoría sociocultural atravesada por contextos históricos y políticos. Desde esta perspectiva, las niñas y los niños no solo viven el mundo; también lo comprenden, lo resignifican y en muchos casos lo resisten.

Para las infancias migrantes, esto resulta especialmente importante, pues cuando atraviesan una frontera, cambian de comunidad o se enfrentan a la incertidumbre del desplazamiento, no solo viven una movilidad física, también reconstruyen vínculos, interpretan pérdidas, generan sus propias estrategias para adaptarse y dar sentido a lo que viven. En sus juegos, en sus silencios, en sus dibujos y en sus relatos aparecen formas propias de comprender el desplazamiento, la familia, el hogar, la separación y la esperanza. Escuchar estas expresiones permite reconocer que su experiencia migratoria no puede explicarse únicamente desde la mirada adulta.

Ver a las infancias migrantes solo como víctimas puede invisibilizar su capacidad de agencia. Esta capacidad no niega las desigualdades que enfrentan, sino que reconoce que, incluso en contextos adversos, las niñas y niños participan de forma activa en la producción de significados sobre su vida cotidiana. Muchos cuidan a sus hermanos menores, aprenden nuevas formas de comunicarse, crean redes de protección y afecto y desarrollan formas de afrontar el miedo o la incertidumbre. Estas acciones muestran que no son simples observadores pasivos de la migración, sino protagonistas de historias que también merecen ser contadas desde su propia voz.

Por lo anterior, reconocer a las infancias migrantes como actores sociales implica transformar nuestra manera en que nos relacionamos con ellas, significa dejar de hablar únicamente sobre ellas para comenzar a hablar con ellas, nos permite comprender que garantizar sus derechos no solo consiste en brindar alimento, refugio o seguridad, sino también en abrir espacios donde puedan expresar cómo viven, qué sienten y qué imaginan para su futuro.

En este Día del Niño, quizá una de las reflexiones más importantes sea que las infancias migrantes no necesitan únicamente protección; necesitan ser reconocidas, porque cuando una sociedad aprende a escuchar a las niñas y niños, también aprende a construir un mundo más justo para todas y todos.

 

Psic. Amina Atziry de Julián Uceda

Escuela de Psicología, Unidad Laguna

amina.julian@uadec.edu.mx