miércoles, abril 15, 2026
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SEÑAL PERDIDA

Hace unos días viví un shock tecnológico.
Pero no fue en una conferencia.
Fue en una montaña rusa.

Toda la semana estuve en la Universidad de Texas.
Puras pláticas de inteligencia artificial.
De esas donde sales con la idea clarita:

O aprendes a usar esto…
o alguien que sí lo use te va a comer vivo.

Sales medio acelerado de ahí.
Como que todo mundo está hablando de productividad, automatización, futuro…
y tú nomás pensando: “ok… me tengo que poner las pilas”.

Cierro la semana en Six Flags.
Primer juego.
Iron Rattler.

Primera bajada…

y mi teléfono sale volando de la bolsa.

Desaparece.

No lo volví a ver.

Y bueno, X… hablar del pésimo servicio de lost & found de Six Flags no es el punto.

El punto es lo que vino después:

Tres días sin teléfono.

Sin WhatsApp.
Sin llamadas.
Sin mapas.
Sin Uber.
Sin banco.
Sin nada.

Y ahí es donde te cae el veinte.

No me sabía números.
No sabía moverme sin Maps.
No podía pedir un Uber.
No podía pagar fácil.

No es que estuviera incomunicado.

Es que estaba medio inútil.

Porque no es culpa del teléfono.
Es culpa mía.

Yo armé una vida donde todo pasa por ahí.

Mi banco.
Mi chamba.
Mi comunicación.
Todo.

Y cuando eso se va…
te das cuenta de qué tan dependiente estás.

Lo chistoso es que venía de una semana donde todos hablaban de inteligencia artificial como “la siguiente herramienta que tienes que dominar”.

Y sí.

Pero nadie habla de la otra parte:

Que esas herramientas se vuelven parte de cómo operas…
mucho más rápido de lo que crees.

Primero te ayudan.
Luego te facilitan todo.
Y después…

ya no sabes hacerlo sin ellas.

Con la IA va a pasar lo mismo.

No estoy diciendo que dejemos el teléfono, ni la tecnología, ni la IA.
Sería como decir que dejemos el carro porque antes caminábamos más….

Pero sí me quedó algo claro, bien claro:

Está fregon usar herramientas.
Nada más que no se nos olvide cómo movernos sin ellas.

Porque el día que no estén (porque se cayó la red, se acabó la pila, o decides subirte a una montaña rusa mal planeado)
no es que pierdas el teléfono.

Pierdes ritmo.

Y ahí es donde te das cuenta…

que no extrañas el aparato.

Extrañas saber qué hacer sin él.

A mí me tomó tres días volver a agarrar vuelo.
Tres días y varias caras de “¿y ahora cómo le hago?”

Entonces no se trata de frenar la tecnología.
Se trata de no volvernos completamente dependientes de ella.

Porque sí, la inteligencia artificial puede hacer muchas cosas por ti…

pero todavía no puede encontrar tu teléfono.

Y créeme, ahí sí la necesitas.