
La ansiedad
Como seres humanos, estamos expuestos a vivir momentos de fracaso. Unos se deben a que, en algún aspecto, nos hace falta crecer, y otros por provocaciones externas. Algunas de estas experiencias pueden llegar a detonar uno de nuestros miedos más profundos: el miedo a fallar. En consecuencia, cada vez que vayamos a requerir llevar a cabo una acción parecida en el futuro, o cuando nos podamos encontrarnos en una situación similar, podrá surgir una emoción incómoda que puede llegar, incluso, a paralizarnos: la ansiedad.
Durante ella, el cuerpo y la mente gritan que algo en tu mapa interno, ya sean creencias, expectativas o críticas internas, están en conflicto con la acción que deseamos tomar, y la experiencia puede tornarse muy confusa, incluso devastadora. Tan real que experimentamos sudoración, palpitaciones, respiración agitada y superficial, sensación de ahogo o nudo en la garganta, temblor en manos o piernas. Y, más allá, mareo, visión borrosa, y pensamientos acelerados, llenos de juicios, comparaciones, y anticipando catástrofes. Y ante este vértigo, sentimos la urgencia de huir, de apagar la voz propia y escondernos para “no quedar en evidencia”.
¿Y si todo ese vértigo que sientes cada vez que enfrentas una situación que puede hacerte crecer no fuera una falla tuya, sino una alarma que necesita ser escuchada?
Ante estas sensaciones, me gustaría recordarte que todas ellas no son “señales” de que algo dentro de ti no funciona bien, o “augurios” de desenlaces trágicos. Más bien, son indicadores de que nos podemos encontrar ante una creencia limitante: “No soy capaz”… Un indicador de que podemos estar padeciendo el síndrome del impostor.
Ante el miedo al fracaso, nuestra mente intentará lanzarnos una serie de declaraciones, como: “no quiero fallar”, “no quiero que me abandonen”, “no quiero hacer el ridículo”, “no quiero perder algo o a alguien”… y nos intentará recordar aquel o aquellos fracasos con la intención de no volver a sentir el dolor de volver a intentarlo.
¿Y si te dijera que aquello que más te va a hacer vibrar se encuentra al otro lado del miedo?
Y que, si no te atreves a hacerlo, tratando de evitar el dolor de volverlo a intentar, estás eligiendo el sufrimiento de no haber ocupado el lugar que te corresponde en la vida. ¿Qué decisión tomarías?
Cuando renunciamos por miedo a esa parte que tanto deseamos, lejos de protegernos, nos estamos abandonando. Dejando a un lado la certeza de que somos más grandes que nuestros miedos, de que somos capaces de transformar cualquier situación a nuestro favor con tan sólo cambiar su significado y de crecer hasta alcanzar la altura de nuestras más grandes aspiraciones, por quedarnos pequeñitos ante la comodidad del “quizás”, del “hubiera” …
Ese abandono es el más doloroso, porque es el que proviene de tí mismo, al convencerte de que no eres suficiente en base a comparaciones, críticas del pasado, altas demandas, plazos cortos y una exigencia de perfeccionismo que desgarran el alma: y a la proyección de escenarios catastróficos que tan solo existen en nuestra mente y son alimentados por nuestras más grandes inseguridades, sintiendo que no podemos con “todo”.
Pero la seguridad sólo se vence al decidirnos y dar el primer paso hacia el rumbo de lo desconocido, sabiendo que nuestra seguridad no está en el camino, sino en nosotros mismos. Y reconocer que, la mayoría de ese “todo”, no son sólo más que pensamientos…
Cuando la ansiedad aparece por el síndrome del impostor, no solo temes fallar: temes ser “descubierto”, que la máscara caiga y el mundo confirme tu peor creencia sobre ti. Ese miedo alimenta la parálisis, el sobretrabajo para “compensar” aquello en lo que crees que no eres suficiente y evitar hacerlo. Pero también es una puerta: bajo ese ruido interno también hay valores, habilidades, ambición y posibilidad de transformación y crecimiento.
Hoy te invito a que despiertes de esa pesadilla y te pregunto: ¿Qué es lo que pudieras hacer para sobrevivir si sucediera lo peor? ¿A qué estás dispuesto a renunciar al evitar esas oportunidades por miedo? ¿Qué estás tratando de proteger?
Y si supieras que todo va a salir bien, ¿qué te dirías ahora?
La ansiedad puede regularse con prácticas somáticas y de PNL, con la resignificación positiva y con ejercicios de exposición graduales que te permitan comprobar la realidad sin la necesidad de aferrarte a la narrativa del impostor. Si lo deseas, puedo acompañarte a sostener la práctica, diseñar pasos medibles y transformar el miedo en combustible para tu crecimiento. Porque tu voz merece ser escuchada y tu valentía merece resultados. ¿Estás listo?




