
California, Estados Unidos.- Durante décadas, el Índice de Masa Corporal (IMC) ha sido la métrica más socorrida para medir nuestra salud, pero la cifra que marca la báscula puede ser un espejismo. Una nueva investigación presentada en el último congreso de la Asociación Americana del Corazón (AHA) sugiere que, cuando se trata del corazón, lo que realmente importa se mide en centímetros, y más concretamente de cintura. El exceso de grasa acumulada en el abdomen, también conocida como grasa visceral, es un predictor mucho más potente del riesgo de sufrir insuficiencia cardíaca que el peso corporal.
La investigación fue presentada en Boston, Estados Unidos, por un equipo de científicos de Taiwán, y se concentró en la grasa visceral, que se esconde entre los órganos del abdomen.
El análisis incluyó datos de salud de mil 998 adultos afroamericanos de zonas urbanas y rurales de Estados Unidos, que no padecían insuficiencia cardíaca en el momento de su inscripción en el estudio y a los que se hizo seguimiento durante una media de casi siete años.
Los científicos descubrieron que esta grasa aumenta el riesgo de insuficiencia cardíaca mucho más que el peso total del cuerpo.
En otras palabras, una persona puede tener un peso saludable según el IMC, pero, si su cintura supera el límite recomendado, el corazón corre peligro.
El motivo principal es la inflamación que provoca esa grasa, algo que hasta ahora pasaba desapercibido.
La inflamación funciona como una alarma silenciosa. Cuando hay exceso de grasa en la zona del abdomen, el cuerpo libera sustancias que irritan los vasos sanguíneos y complican el trabajo del sistema inmune.
Con el tiempo, el corazón puede llenarse de cicatrices internas y perder fuerza, lo que se traduce en síntomas como cansancio extremo, dificultad para respirar o hinchazón.
Mediante el control del perímetro de la cintura y de la inflamación, los médicos podrían identificar antes a las personas con mayor riesgo y centrarse en estrategias de prevención que reduzcan la probabilidad de sufrir insuficiencia cardíaca antes de que aparezcan los síntomas.
Los investigadores indicaron que no tuvieron acceso a los subtipos de insuficiencia cardíaca de los participantes; por lo tanto, los resultados se refieren a todos los tipos de insuficiencia cardíaca en conjunto.
Por ello, investigaciones futuras deberían examinar cómo se relacionan la grasa visceral y la inflamación con los diferentes tipos de insuficiencia cardíaca y si la reducción de la inflamación puede ayudar a prevenir o reducir el riesgo de insuficiencia cardíaca. (El Heraldo de Saltillo)
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