martes, marzo 17, 2026
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VIVIR ES AHORA

Momentos de incertidumbre

Es fácil saber qué rumbo tomar cuando podemos vislumbrar un posible resultado en el futuro. Podemos elegir seguir por el mismo camino o cambiarlo. Y estar preparados ante cualquier posibilidad que tengamos en mente.

Pero también hay momentos en los cuales no sabemos ni qué sigue o si esperar alguna señal que nos muestre el camino más seguro. Y, mientras esperamos, caminamos a través de la niebla, sin saber si accionar o relajarnos, permaneciendo en estado de alerta.

A nivel general, con tanta información y desinformación, nuestra mente entra en modo alerta: se dispara la ansiedad, los ataques de pánico, la pérdida del sentido de vida, el disfrute del trabajo honrado, y el miedo colectivo nos hace permanecer en modo defensivo.

Y en las relaciones personales, desgraciadamente, nos hemos acostumbrado a ejercer control y poder de maneras sutiles e imperceptibles: manejando dobles agendas, disparando los mecanismos de apego evitativo a través de la disonancia y la manipulación. No somos transparentes en nuestras intenciones ni leales en nuestras relaciones.

Hemos convertido la convivencia en una continua lucha de poder, porque aceptamos la propaganda errónea de que cada persona, en algún momento, pudiera estar en nuestra contra. Y vivimos hundidos en la incertidumbre, esperando un golpe, llenos de desconfianza y, muchas veces, justificadamente. Ya que, al parecer, ahora se le aplaude más a quien ataca que a quien genera una idea que contribuye.

 

Hoy me gustaría hacer un llamado: un llamado a recuperar el amor y la paz. A volver a demostrar lo que significa ser: “seres humanos”.

 

Creo que, si en algún momento, al ver a otra persona, pudiéramos tener la capacidad de reconocer que, detrás de su mirada, hay alguien lleno de sueños, quien desea lo mejor para sus seres amados y espera llegar a su casa a abrazarlos, que busca vivir en paz y convivir con respeto y compasión, la vida sería mucho más fácil.

Todos amamos algo. Todos queremos sentirnos a salvo, amados, aprobados, e importarle a quienes nos importan. Todos luchamos cada día por construir una vida mejor, con espacios en donde podamos descansar con confianza y sin miedo a la mentira y a la traición.

 

Considero que estos tiempos llenos de retos nos están mandando un mensaje: que por ahí no va el camino.

 

Que el camino no consiste en imponerse a través de la fuerza y la alevosía. Sino que requerimos volver a nuestra esencia: a reconocer que en cada corazón habita la presencia de Dios, de la vida que quiere expresarse, y el amor infinito que era la única vestidura con la que llegamos a este mundo.

Si pudieras reconocer la presencia de Dios en aquel que tienes enfrente o del que quieres sacar ventaja, ¿lo harías?

Porque cada vez que haces daño a tu hermano, lo estás haciendo hacia Dios y hacia ti mismo. Cada vez que cometes difamación, no estás más que mostrando tu propia incapacidad de reconocer tu incompetencia. Cada vez que te burlas del esfuerzo de alguien que lo está haciendo con todo su corazón, sólo gritas al mundo lo insatisfecho que estás contigo mismo. Y cada vez que quieres sacar ventaja de lo que tanto esfuerzo le ha costado a otro, estás exhibiendo tu propia incapacidad de crecer y tener logros propios.

 

Entonces, en los momentos de incertidumbre, ante la niebla que nos impide ver el camino, regresa a Dios… de la manera en que te conectes con él, con el nombre que lo conozcas. Y aprende a ser “humano”.

 

Él conoce todos los pensamientos, todas las intenciones, y si confías en Él, te mostrará que no es un Dios callado, sino que es poder en acción cuando no puedas seguir creyendo en ti mismo ni en quien te rodea.

Para poder digerir la grandeza, requerimos primero pasar por una gran dosis de humildad. Aceptar que, aunque nos podamos sentir “mejores» que otros, seguimos siendo iguales en una condición: nuestra vulnerabilidad.

Y así entender que no somos ni más ni menos que nadie, y que cada ser humano requiere el mismo trato digno que tanto exigimos y que a veces no damos a quienes nos rodean.

Seamos, entonces, mensajeros de paz y de amor. Construyamos puentes y no murallas.

La vida ya nos ha dado muchas señales de que requerimos cambiar el rumbo, y si las seguimos ignorando, se encargará de regresarnos al verdadero camino, de maneras que, tal vez, nos parecerán insostenibles, para poder volver a recuperar la humildad y volver a estar en armonía con la vida y construir la paz que tanto necesitamos.

 

coachteylealg@gmail.com