
Cuando la carpa del “león del crimen” tembló, Coahuila mantuvo la cuerda firme
Si las escenas del país fueran un número de circo, el más reciente acto alrededor de la caída de “El Mencho” bien podría parecer un espectáculo de riesgo sin red: malabaristas que lanzan fuego, equilibristas caminando sobre la cuerda floja y, al fondo, el público conteniendo el aliento. Y mientras México entero observaba, el domador de la carpa mayor, el Estado, puso un cuidador muy especial en su pista: Coahuila.
Este estado, uno de los rincones más seguros de la República —reconocido por sus bajos índices de homicidios dolosos y por colocar a ciudades como Saltillo en los primeros lugares nacionales en percepción de seguridad— fue, paradójicamente, quien tuvo que vigilar la carpa mientras el león rugía fuera.
El Trapecio Mayor: La Captura de “El Mencho”
El operativo militar contra Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, jefe del Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG), se realizó el 22 de febrero de 2026 en Tapalpa, Jalisco, con fuerzas federales y apoyo de inteligencia internacional. El resultado —según las versiones oficiales— fue su abatimiento tras un tiroteo y enfrentamientos que dejaron un saldo de muertos y desataron narcobloqueos y disturbios en varias regiones del país.
Lo que en un escenario ideal sería un clímax de victoria, en la realidad se tradujo en escenas de fuego en carreteras y reactores de violencia que encendieron alertas de seguridad en múltiples estados.
Coahuila, el guardián de la primera jefa de la seguridad nacional
Durante los hechos que sacudieron al país, Claudia Sheinbaun Pardo estuvo itinerando por Coahuila: un día antes en Monclova, el sábado en Saltillo y el domingo en San Pedro. Allí, lejos del epicentro de la violencia, se aseguró que su seguridad fuera del cien por ciento, no por capricho, sino porque en una carpa donde las llamas saltan como fuego de artificio, no había mejor pista para cuidar a la principal figura de la función que bajo el toldo de la seguridad coahuilense.
Analistas observan que, ante un operativo con consecuencias impredecibles y daño colateral evidente en otras plazas, no había un lugar en México más apropiado para garantizar la integridad de la mandataria que Coahuila, justamente por su robustez en materia de seguridad pública. Esa responsabilidad es equiparable a poner a un equilibrista experto frente a la cuerda más frágil: no es casualidad, es cálculo.
El número final: seguridad vs. estado de derecho
Pero este acto circense no termina con un solo aplauso. La caída de un capo como El Mencho representa un golpe simbólico y operativo contra una de las organizaciones más potentes y violentas del país, pero la violencia desatada tras el hecho —bloqueos, ataques y reacciones del crimen organizado— demuestra que el espectáculo no se reduce a una sola función. (AP News)
Y mientras los malabaristas de la seguridad pública reparten respuestas entre fuego y equilibrio, Coahuila sigue siendo no solo testigo, sino garante de que la pista donde se presenta la Presidenta de México permanezca firme. En este circo de valentías y riesgos, la estrategia de proteger a la principal figura del espectáculo en la carpa más segura del país fue tan realista como necesaria.
“Esperemos a que se acabe el circo, para verle la cara a los payasos”
Escribe tus comentarios a chinoky@me.com




