
Don Guillermo Purcell
En esta ocasión te platico la historia de un Saltillense por adopción, quien nació muy pero muy lejos de nuestra hermosa ciudad, pero que con el tiempo, trabajo, esfuerzo y cariño terminó convirtiéndose en uno de los Saltillenses más importantes de todos los tiempos. Me refiero a William Lewis Purcell Hallinan, un irlandés que llegó a Saltillo con ganas de trabajar y terminó construyendo todo un imperio empresarial.
William Lewis Purcell Hallinan mejor conocido como don Guillermo Purcell nació en Limerick, Irlanda, el 4 de noviembre de 1844. Llegó a México en 1862 y cuatro años después se estableció en Saltillo, donde comenzó una vida dedicada al comercio.
Lo interesante, estimada y estimado Saltillense, es que don Guillermo no se conformó con tener una tienda. Comenzó vendiendo ropa, abarrotes y artículos de ferretería, pero con el paso de los años sus negocios fueron creciendo y crecieron hasta tener minas, haciendas, fábricas textiles, molinos de harina, un banco y hasta un ferrocarril.
¡Imagínese usted! Don Guillermo tenía negocios que iban desde las tierras algodoneras de La Laguna hasta las minas de Zacatecas. Incluso impulsó el ferrocarril Coahuila-Zacatecas para transportar los minerales de sus empresas.
Por cierto, déjeme decirle que en 1880 abrió el Banco Purcell, una institución financiera que funcionó durante décadas en el centro de Saltillo, en la calle de Zaragoza y que en sus inicios compartía espacio con el Consulado del Reino Unido, con una oficina de telégrafos y hasta con la expendedora de boletos del Ferrocarril Coahuila y Zacateca.
Don Guillermo fue fundador de lo que sería la segunda Cámara de Comercio en México, siendo esta la de Saltillo, todo inició el 13 de enero de 1886 cuando él propuso organizar a los comerciantes de nuestra ciudad para defender los intereses del sector mercantil.
Pero quizá el legado más visible de este irlandés, que digo irlandes, sino de este Saltillense, es precisamente la famosa Casa Purcell, ubicada en nuestra calle de Hidalgo, a unos pasos de Catedral. Una extraordinaria construcción de estilo neogótico que parece sacada de un cuento de hadas y que hoy funciona como centro cultural.
Don Guillermo falleció en febrero de 1909, dejando una importante huella en el desarrollo económico de Saltillo, de Coahuila y de México. Su nombre permanece en una de las calles de nuestra ciudad, pero sobre todo en la historia de una época en la que Saltillo comenzaba a convertirse en un importante centro comercial e industrial.
Y fíjese qué curioso: aquel joven que cruzó el océano atrlántico desde Irlanda terminó siendo tan Saltillense como el sarape, el pan de pulque y los matachines. Porque para ser Saltillense no siempre hay que nacer en Saltillo; a veces basta con trabajar por esta tierra, quererla y dejar una huella que perdure por generaciones.
¡Y esta es otra historia de nuestra hermosa ciudad de Saltillo!

