
Lo que comenzó entre sus recuerdos de infancia encontró un nuevo hogar en Saltillo. Desde 2023, el Magno Altar de Muertos transforma las escalinatas del Parque Las Maravillas en un espacio para compartir historias, honrar ausencias y celebrar nuestras raíces
Hay tradiciones que se llevan en la memoria desde la infancia y que, aunque cambien los paisajes, permanecen intactas con el paso de los años. Para Ivonne Mónica Orozco Matus, el Día de Muertos es una de ellas. Sus primeros recuerdos están ligados a los panteones, los aromas de la cocina, las velas encendidas y los rituales familiares, una herencia que terminaría compartiendo con miles de personas en Saltillo.
Originaria de la Ciudad de México, hija de madre oaxaqueña y padre veracruzano, creció entre expresiones que daban al recuerdo de los difuntos un lugar especial. Las visitas a los cementerios junto a su madre y sus abuelas, los cantos y los alimentos para las ofrendas le enseñaron a entender la muerte como una oportunidad para reencontrarse con quienes ya partieron.
Hace 34 años llegó a Saltillo y encontró una realidad distinta: aquellas costumbres no tenían la misma presencia en la ciudad. Lejos de dejarlas atrás, comenzó a buscar espacios para compartirlas.
Hoy, esa inquietud tiene una de sus expresiones más representativas en el Magno Altar de Muertos, que transforma las escalinatas del Parque Las Maravillas en una ofrenda colectiva. Detrás de sus dimensiones existe una trayectoria marcada por la creatividad, la perseverancia y la convicción de que las tradiciones cobran fuerza cuando las personas se involucran.
UNA TRADICIÓN QUE LLEGÓ DESDE CASA
Antes de convertirse en una iniciativa ciudadana, el Día de Muertos fue para Ivonne una experiencia familiar. Su madre, originaria del Istmo de Tehuantepec, le transmitió una celebración en la que cada elemento tenía significado: los tamales, el pan, las cañas, los tejocotes y las velas de parafina y de sebo.
Recuerda los colores, los aromas y la intensidad de aquellos encuentros, en los que, incluso cuando los recursos eran limitados, el altar no podía faltar.
“Para mí era un sí o sí”, dice sobre una tradición arraigada en su identidad. En casa aprendió que honrar a los seres queridos era mantenerlos presentes y que, cuando se les recuerda desde el amor, de alguna forma nunca se van.
Con la apertura de Las Delicias de Mi General, en 2012, encontró una plataforma para compartir esas inquietudes. Su primer evento fue una calaverita literaria acompañada de un altar; después buscó nuevas maneras de incorporar el arte y las tradiciones a los espacios que tenía a su alcance.
Participó en actividades relacionadas con Frida Kahlo y en celebraciones del Museo del Desierto. Ahí creó un alebrije para el dinosaurio emblemático del recinto, con el respaldo del biólogo Arturo González. La experiencia confirmó que las ideas poco convencionales podían convertirse en encuentros memorables.
Después, al observar las escalinatas del Parque Las Maravillas, imaginó una ofrenda extraordinaria. Así comenzó el proyecto que hoy reúne a familias, artistas, instituciones y colectivos.

EL NACIMIENTO DE UNA OFRENDA MONUMENTAL
La intención inicial era realizar un altar por el significado espiritual y energético de la celebración. Para materializarlo, Ivonne buscó personas que compartieran su entusiasmo y comprendieran el potencial de transformar un espacio público en un punto de encuentro cultural.
Recuerda el respaldo de Arturo González, director del Museo del Desierto, y el acercamiento con Juan Ramón Cárdenas, presidente del Patronato del Parque Las Maravillas.
En un principio pensó llamarlo “El Gran Altar”, por la grandeza de quienes participarían en su construcción. Con las aportaciones de quienes se sumaron, tomó el nombre de Magno Altar de Muertos.
La primera edición fue un desafío. Al colocar el primer vaso de la ofrenda, Ivonne se detuvo a pensar en la magnitud de lo que había comenzado. La emoción se mezclaba con la responsabilidad de sacar adelante una instalación que requería mucho más que entusiasmo.
Desde 2023, el proyecto ha crecido hasta convertirse en un esfuerzo colectivo. Para su impulsora, la respuesta refleja la necesidad de honrar historias que no siempre habían encontrado un espacio para expresarse.
“Es curioso que una ciudad que no tenía estos arraigos ahora sea tan participativa”, comenta.

A TRAVÉS DEL ARTE y la participación ciudadana, Ivonne Orozco busca retribuir a Saltillo el cariño y las oportunidades que ha encontrado durante más de tres décadas viviendo en la ciudad.
CUANDO CADA FOTOGRAFÍA CUENTA UNA HISTORIA
La esencia del Magno Altar está en quienes se acercan para compartir una fotografía, una pertenencia o algún objeto que represente a alguien importante en sus vidas.
En las escalinatas se encuentran retratos de familiares, amigos e incluso mascotas. Escuchar las historias detrás de cada aportación es, para Ivonne, una de las experiencias más conmovedoras del proyecto.
También participan organizaciones como la Fundación Renacer, integrada por padres que han perdido a sus hijos. Sus integrantes colocan fotografías y alimentos en un ejercicio que les permite expresar su recuerdo y encontrar acompañamiento.
Se han sumado agrupaciones vinculadas con la atención del cáncer de mama y Saltillo Ecológico, que ha representado la pérdida de bosques afectados por incendios. Su participación recuerda que otras formas de vida y sus entornos también merecen ser reconocidos.
Profauna, la Universidad de Durango, el Colegio Humanista de Saltillo y el kínder Mariano Escobedo son parte de esta construcción comunitaria. Cada grupo aporta una perspectiva y demuestra que el Día de Muertos puede reunir distintas causas, generaciones y experiencias.
“Si tú no invitas a la gente, no se sienten parte de”, señala Ivonne. Por eso, involucrar a la ciudadanía desde la preparación ha sido fundamental para el crecimiento del altar.

LA GRANDEZA ESTÁ EN QUIENES PARTICIPAN
Aunque sus dimensiones son uno de sus principales atractivos, Ivonne prefiere medir la importancia del Magno Altar por la generosidad de quienes lo hacen posible.
La recolección de materiales, el montaje y la programación cultural exigen coordinación y muchas horas de trabajo. Buena parte del proyecto se sostiene con aportaciones voluntarias y apoyos de quienes creen en la iniciativa.
“Si tuviéramos un Récord Guinness, no lo buscaría por lo que mide, sino por cuánto cariño hay de la gente”, expresa.
Hay quienes colaboran con materiales, vestuarios o presentaciones artísticas; otros ofrecen su tiempo. Recuerda especialmente a las familias que llevan comida a quienes permanecen durante largas jornadas preparando la instalación. Esos gestos definen el ambiente del proyecto.
En 2026, el altar contempla una superficie superior a cinco mil metros cuadrados y una pieza monumental de cuatro metros de altura, con un peso aproximado de tres toneladas, aportada por el propietario de Bosque Secreto. Torreón tendrá presencia como municipio invitado.
La propuesta integra música, danza y cocina de calle, con atención a pequeños establecimientos y emprendimientos que mantienen vivas las tradiciones gastronómicas. La cartelera incluye a Claudia Gutiérrez con “Cantaba la Muerte”, mariachi, la tuna infantil, rondallas de La Madriguera, la Banda de Música del Estado y alumnos del kínder Mariano Escobedo.
EL ARTE COMO UNA FORMA DE RETRIBUIR
Ivonne ha encontrado en el arte una herramienta para transformar espacios y acercar a las personas. Su relación con Saltillo se ha construido desde ese intercambio: decidió permanecer y corresponder a lo que esta tierra le ha ofrecido.
“Vi las maravillas de Saltillo, sus virtudes, y me pregunté cómo podía retribuirle todo lo que me ha dado. Es mi diezmo, a través de este tipo de eventos y actividades para la gente”, comparte.
Esa visión también está presente en proyectos como el Festival de la Mariposa Monarca y las actividades realizadas en Santa Anita, con los que ha buscado acercar las expresiones artísticas a distintos sectores.
“A mí lo que me ha salvado es el arte”, expresa. La frase revela la dimensión personal detrás de sus iniciativas y su interés por crear espacios donde otros puedan encontrarse, participar y descubrir lo que tienen para aportar a la ciudad.
UNA CIUDAD QUE SE REÚNE PARA RECORDAR
Del 31 de octubre al 2 de noviembre, las escalinatas del Parque Las Maravillas recibirán a los visitantes del Magno Altar de Muertos, como parte del Festival Ánimas del Desierto. El cempasúchil, el papel picado, las veladoras y los retratos darán forma a una ofrenda construida con las historias de muchas personas.
Esta edición busca ampliar la experiencia desde la parte baja del recorrido, donde se encuentra la fuente, para seguir extendiendo el camino de las ánimas en futuras celebraciones.
Ivonne sabe que cada año implica reunir voluntades y comenzar de nuevo. Sin embargo, vuelve a la idea que sostiene el proyecto: que Saltillo tenga un espacio para honrar a sus muertos y reconocer su riqueza cultural.
Entre fotografías, música y alimentos, el Magno Altar reúne algo difícil de medir en metros cuadrados: la capacidad de una comunidad para compartir sus recuerdos y acompañarse.
Quizá esa sea la verdadera dimensión de esta obra: una tradición que nació en casa, entre las enseñanzas de su madre y sus abuelas, encontró en Saltillo un nuevo escenario y en sus habitantes a los protagonistas de una historia que sigue creciendo. (MARIANA FALCÓN)




