
Las protestas que se registran actualmente en distintas regiones del mundo responden a una combinación de demandas sociales, crisis de los servicios públicos y descontento político.
Aunque sus causas y circunstancias varían de un país a otro, muchas de estas movilizaciones expresan el malestar ciudadano frente al costo de la vida, las políticas de austeridad, la precarización y la falta de respuestas institucionales. Por ejemplo:
Francia: Las calles se encendieron debido a una triple crisis económica, educativa y fiscal. Iniciadas por estudiantes de liceos ante el deterioro de las aulas, olas de calor sin infraestructura y la escasez de docentes, las manifestaciones escalaron con el regreso de los “chalecos amarillos”, sindicatos y agricultores que rechazan un fuerte ajuste fiscal de 54 mil millones de euros, el alza de combustibles y el encarecimiento general del costo de vida.
Bélgica: Decenas de miles de trabajadores y estudiantes se han manifestado masivamente en Bruselas en rechazo a las medidas de austeridad del Gobierno federal, orientadas a reducir el déficit fiscal mediante recortes de hasta 10 mil millones de euros. Protestan específicamente por los recortes presupuestarios en educación, la precarización de los servicios públicos y el encarecimiento de los materiales de estudio.
Chile: Estudiantes, docentes y organizaciones sociales convocaron a manifestaciones bajo el lema “Ni un peso menos para la educación pública”. El motor principal es el rechazo a los posibles recortes presupuestarios en educación planteados en el proyecto económico del gobierno de José Antonio Kast.
Argentina: El descontento social se concentra en las políticas de reforma del presidente Javier Milei. Las manifestaciones más recientes se activaron para exigir el cumplimiento de la Ley de Financiamiento Universitario; paralelamente, existen focos de conflicto por el deterioro del poder adquisitivo, reformas al régimen de tierras y la privatización de la propiedad rural.
España: El detonante de masivas protestas nacionales y acampadas es la severa crisis de vivienda y los desahucios. La indignación pública creció tras la muerte de inquilinos desalojados (como los casos de Olga Matute y María del Carmen Abascal), la escalada incontrolable de los precios de alquiler, y el posterior bloqueo en el Congreso de los decretos gubernamentales de protección a la vivienda, lo que llevó al adelanto de elecciones generales.
India: Los jóvenes de la Generación Z y el movimiento ciudadano del Cockroach Janta Party (CJP) salieron a las calles de Nueva Delhi por dos motivos: primero, fraudes y filtraciones en exámenes universitarios nacionales (que provocaron la renuncia del ministro de Educación); y segundo, la indignación por la eliminación de 130 millones de personas del censo electoral, acusando a la Comisión Electoral de manipulación.
Mauricio: Las manifestaciones, que inicialmente comenzaron pacíficamente debido al alto costo de la vida y la escasez de agua, se transformaron en graves disturbios civiles y toques de queda tras el disparo policial contra una joven de 27 años (Élodie Thomas), lo que reavivó reclamos históricos contra la brutalidad policial.
Guadalajara (México): Miles de ciudadanos se movilizaron en el centro de la capital de Jalisco debido a una inédita crisis hídrica, caracterizada por el desabasto y la pésima calidad (agua sucia y contaminada) que llega a los hogares metropolitanos. La protesta cobró mayor relevancia nacional tras reportarse una fuerte represión policial e investigaciones por presunta tortura dentro de Casa Jalisco.
Para reflexionar sobre las causas de estas movilizaciones, resulta pertinente recuperar una entrevista de Michael Calderbank, coeditor de la revista británica Red Pepper, con la filósofa y politóloga belga Chantal Mouffe.
En ella, Mouffe analiza cómo la globalización neoliberal, la precarización de las clases medias y la concentración de la riqueza han ampliado el alcance del descontento social y generado nuevas formas de resistencia.
En esa misma entrevista, Mouffe añadió: «Hoy muchos más sectores de la sociedad están afectados por la globalización neoliberal y por el nuevo modo de regulación del capitalismo. En los tiempos fordistas, estos fenómenos te afectaban sobre todo si trabajabas en una fábrica. Pero con el desarrollo del capitalismo financiero y lo que algunas veces se denomina “biopolítica” todos estamos afectados, porque muchos aspectos de nuestras vidas están ahora bajo control del capitalismo.
Esto, por supuesto, es negativo, pero también puede suponer una oportunidad, porque significa que hay un número más grande de personas que pueden verse beneficiadas por un proyecto de radicalización de la democracia.
Ya no será sólo la clase trabajadora, sino importantes sectores de la clase media.»
En la entrevista para Red Pepper, Mouffe agregó: “También hemos sido testigos de un fenómeno de “oligarquización” de nuestras sociedades, en el sentido de que vemos una separación cada vez mayor entre un pequeño grupo de gente muy rica y el resto de la población.
Lo que es nuevo es que con la política de privatizaciones, y particularmente desde la implementación de políticas de austeridad, ha habido un fenómeno de pauperización y precarización de las clases medias, que hoy son profundamente afectadas por los efectos de las políticas neoliberales. Esto explica la emergencia de múltiples resistencias al consenso del centro. El momento está marcado por la proliferación de las resistencias a esta situación posdemocrática.
Estas resistencias se manifiestan de múltiples maneras, no necesariamente progresistas. En cierto modo, expresan “demandas democráticas” –demandas de más democracia, de que la gente tenga voz–. Estas demandas, no obstante, pueden articularse en una forma más progresista, como un llamado por mayor extensión y radicalización de la democracia.
En síntesis, las protestas que recorren distintos países expresan un malestar social de múltiples dimensiones. El encarecimiento de la vida, los recortes presupuestarios, el deterioro de los servicios públicos, la inseguridad y la desconfianza hacia los gobiernos contribuyen a explicar estas movilizaciones, aunque su peso y sus consecuencias varían en cada sociedad.
Las reflexiones de Chantal Mouffe permiten interpretar este fenómeno como parte de una disputa más amplia por la democracia, la representación política y la distribución de la riqueza. La desigualdad y la precarización pueden impulsar nuevas formas de resistencia, pero estas no necesariamente desembocan en proyectos progresistas ni comparten una misma orientación ideológica.
La cuestión fundamental es cómo se articulan las demandas ciudadanas, qué actores logran representarlas y hasta qué punto las instituciones son capaces de responder. Porque las protestas no solo expresan inconformidad: también revelan las tensiones de la democracia contemporánea y la disputa por definir quién participa en las decisiones colectivas y en beneficio de quién se ejerce el poder.
José Vega Bautista
josevega@nuestrarevista.com.mx




