
Singapur: la isla que no se quedó aislada
Si la riqueza de un país dependiera del petróleo, las playas y una ubicación envidiable, México ya estaría dando consejos. Singapur tendría que pedirnos los apuntes.
Vale la pena ubicarlo antes de sacar conclusiones. Singapur es una ciudad-Estado del sudeste asiático, al sur de Malasia: un país pequeño, organizado alrededor de una gran ciudad, ubicado en una ruta marítima que conecta los océanos Índico y Pacífico. Allí conviven comunidades de origen chino, malayo e indio.
Había sido colonia británica y, después de una breve unión con Malasia, se independizó en 1965. Tenía desempleo, falta de vivienda y pocos recursos naturales. También tenía un puerto importante y experiencia comercial. Su buena ubicación era una oportunidad; capitalizarla requería bastante trabajo.
El gobierno de Lee Kuan Yew apostó por atraer empresas extranjeras y producir para mercados internacionales. Para lograrlo, desarrolló parques industriales, servicios e infraestructura, en paralelo preparaba trabajadores para las actividades que buscaba atraer. La inversión debía traer empleos, pero también conocimientos.
La administración pública tenía un papel importantísimo: coordinar inversiones, resolver problemas y ofrecer continuidad. Para quien iba a construir una planta, la confianza dependía de encontrar personal preparado y servicios funcionando, además de saber qué reglas debía cumplir y quién podía atenderlo.
Con los años, esa combinación permitió pasar de manufacturas sencillas a actividades como semiconductores, biomedicina y servicios financieros. La tirada era elevar el valor de lo que podía producir cada trabajador.
Y el Estado puso lo suyo también: construyó vivienda pública, impulsó empresas y organizó el ahorro obligatorio. También facilitó la inversión privada y el comercio. Una experiencia bastante compleja para quienes quieren explicar cualquier éxito con una sola receta ideológica.
México puede estudiar esa combinación desde sus propias fortalezas. Tenemos industria, universidades, experiencia exportadora y frontera con Estados Unidos. En Coahuila conocemos bien lo que significa participar en cadenas de producción que cruzan países.
Además, contamos con el T-MEC, el tratado comercial con Estados Unidos y Canadá, vigente desde 2020. Presenta reglas para el intercambio regional y nos deja aprovechar preferencias comerciales cuando se cumplen sus condiciones. Para una empresa mexicana, eso puede facilitar vender dentro de una región donde distintas plantas participan en fabricar un mismo producto.
Singapur amplió sus posibilidades conectándose con mercados internacionales. México tiene una plataforma propia para hacerlo. Aprovecharla pide que alrededor de la inversión funcionen la electricidad, el agua, el transporte, la seguridad y los servicios públicos.
Podemos mencionar la combinacion entre escuelas técnicas, universidades y empresas. Que los jóvenes conozcan las habilidades que tendrán demanda y encuentren oportunidades para desarrollarlas. La OCDE recomienda fortalecer esa relación en su diagnóstico de México de 2026.
También nos conviene facilitar que pequeñas empresas mexicanas se conviertan en proveedoras de industrias más sofisticadas, grandes y exigentes. Así, el beneficio de atraer una fábrica puede extenderse a talleres, negocios y familias de la región.
Otra razón para voltearlos a ver está en la capacidad de coordinarse: trámites claros, seguimiento digital y respuestas agiles ayudan tanto al gran inversionista como a quien abre su primer negocio. Son mejoras que pueden construirse entre gobiernos, empresas y sociedad, y mantenerse durante varias administraciones.
Por supuesto, una ciudad-Estado y un país tan grande y diverso como México necesitan soluciones distintas. El modelo singapurense también tuvo costos políticos, con restricciones a la prensa y la protesta, y tienen problemas de envejecimiento y desigualdad. Su estudio merece reconocimiento como sentido crítico.
La comparación sirve para identificar prácticas que podamos adaptar: formar talento, construir infraestructura útil, facilitar la actividad económica y sostener proyectos de largo plazo.
Singapur convirtió una ruta marítima en una fuente de prosperidad. Nosotros tenemos una frontera llena de posibilidades. La tarea es que esa oportunidad se note en el bolsillo de más mexicanos.




