300 millones de jóvenes sin empleo
El lento crecimiento económico y la automatización son hoy dos de los grandes enemigos del empleo. El problema es que muchos gobiernos están petrificados frente a la necesidad de crear nuevas fuentes de trabajo.
Por si eso fuera poco, llega el Banco Mundial para agitar aún más las aguas. El organismo causó preocupación cuando advirtió que 1,200 millones de jóvenes llegarán a la edad de trabajar durante los próximos diez años en los países en desarrollo. Varias naciones no se imaginaban tal magnitud. Es más, ni siquiera han proyectado esa cifra para sus economías.
El reto es que en esos años se necesitarán generar suficientes espacios educativos y empleos para que ninguno de esos jóvenes se quede al margen de la universidad o del mercado laboral. De lo contrario, sabemos bastante bien que la falta de oportunidades para los jóvenes es un implacable generador de pobreza y exclusión.
¿Están preparadas las economías y los gobiernos para para enfrentar uno de los grandes desafíos de nuestro tiempo?
El propio Banco Mundial ofrece una respuesta que alerta a las autoridades. De esos 1,200 millones de jóvenes, solo 420 millones conseguirán empleo. Otros 480 millones estarán en el sistema educativo. Eso quiere decir que al menos 300 millones podrían quedarse sin oportunidades de estudio o de trabajo.
Me imagino una era de hielo en la economía mundial. Y no es que bajen las temperaturas o se desplomen los indicadores económicos, sino porque el futuro de millones de jóvenes que buscan estudiar y trabajar podría congelarse.
Debe quedar claro que esos 300 millones no son “ninis”. Esa palabra dice poco sobre sus verdaderas aspiraciones y esconde los apuros que enfrentan cuando intentan ingresar a la universidad o conseguir un buen empleo.
Sinceramente, no creo que la mayoría se conforme con una beca o con la manutención de sus padres. Esos jóvenes tienen ambiciones, en el buen sentido. Y mejor aún, piensan en su futuro. Quieren salir adelante, sin tanto rollo.
Los datos se inclinan a mi favor. El Banco Interamericano de Desarrollo encontró que en 2018 el 85% de los jóvenes en América Latina aspiraba a terminar una carrera y el 88% estaba convencido de conseguir un buen empleo. Sería una tragedia defraudar esas expectativas.
Aquí está el verdadero problema. En teoría, los gobiernos deberían ser la solución. Lamentablemente, es bien conocido que muchos están atrapados por la política. Vemos que les preocupa más ganar elecciones que ofrecer oportunidades para las próximas generaciones.
Las ayudas económicas alivian necesidades inmediatas, pero si pensamos en el futuro nos daremos cuenta que son insuficientes. Confundir la política social con la política económica es común cuando se quieren disimular algunas debilidades en la generación de puestos de trabajo bien remunerados.
Por eso, me sorprendería gratamente que algún gobierno de América Latina, ya sea de izquierda o de derecha, nacional o estatal, dejara por un momento de pensar en las próximas elecciones.
En cambio, se dedique de tiempo completo a crear alternativas para esos jóvenes que en los próximos años llegarán a la edad de trabajar o de ingresar a la universidad.





