jueves, junio 25, 2026
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SALTO DE LETRA

La tesis fundamental de mis escritos de opinión es; el gobierno de las emociones por las razones permite construir las instituciones. Desde el gobierno se limitan las emociones para alcanzar los fines del Estado. En la organización se regulan las emociones para obtener los resultados de un equipo. La escuela construye momentos para aplicar herramientas que regulan la emoción por la persona y desarrolle atributos o competencias diversas. Así las leyes y la fuerza pública, el liderazgo y la administración, los hábitos y las rutinas permiten afianzar, en la lucha constante, las razones sobre las emociones. No es un oficio menor, es nuestra propia humanidad. En México somos mas apasionados que disciplinados y en la busqueda de esa mezcla copiamos modelos, hábitos, herramientas y estrategias para tratar de poner disciplina a la pasión.

No pretendo, de ninguna manera, dar algun atributo negativo a las emociones, ellas son solamente, y es ocioso juzgarlas como buenas o malas. Tanto el odio que nos mueve a rechazar puede traer virtuosos comportamientos, como el amor traer malvados intentos. Es el comportamiento el que podemos evaluar en la medida que afecta o mejora. La complejidad resulta cuando el gobierno racional se vuelve intuitivo, cuando la norma relacional es solo aspiracional, cuando los hábitos son gestados para el placer y no para el mérito. El fracaso no necesariamente significa caminar un camino equivocado, sino preferir el gobierno de la emoción sobre la razón. La corrupción, que tanto nos duele en México, es la ambición sobre el deber ser, el nepotismo, que tantos ejemplos nos da, es el orgullo, mal entendido, sobre el poder ser y así en muchos otros aspectos sobre los que he podido dar cuenta en los ya mas de 10 años de escribir columnas de opinión que gentilmente me privilegian con su publicación.

En el mundial 2026, México acaba de ganar su tercer juego y con ello su clasificación de la etapa de grupos. Me gustó mucho escuchar un juego de palabras con una frase bastante emocional que surge en cada torneo: “México jugó como nunca y perdió como siempre”, y ahora se dijo: “México jugó como siempre y ganó como nunca”. Con 9 puntos de 9 posibles y sin ningún gol en contra, la selección nacional se enfrenta al gobierno de sus emociones. Enfrentar un rival exige controlar y mitigar un derrotismo en el resultado, y al ir ganando exige controlar la percepción de triunfo y conformismo antes de concluido el partido. Previendo las emociones que den como consecuencia comportamientos de alto riesgo, la Ciudad de México limitó la venta de alcohol para tratar de disminuir los desmanes en bienes públicos y la generación de basura, las últimas celebraciones de los triunfos de la selección futbolista mexicana dejaron más de 40 toneladas de basura. El miércoles 24 de junio, al terminar el partido contra la selección de República Checa o Chequia, la celebración en el Paseo de la Reforma en México, reunió más de 800 mil capitalinos. Muchas veces se coreó, en el estadio, en el Zócalo, en Reforma, el Cielito Lindo, y entre su letra el convencimiento de; “canta y no llores”. Ahi descansa la aspiración de imponer las razones a las emociones, la acción sobre la consecuencia