viernes, junio 12, 2026
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DESDE MI ESCRITORIO

Los rostros de México en el mundial: la fiesta en la cancha, el caos en las calles 

México volvió a hacer historia. Por tercera ocasión, el legendario Estadio Azteca -hoy denominado Estadio Ciudad de México- fue sede de una inauguración mundialista, un hecho sin precedentes en la historia de la Copa del Mundo. Sin embargo, detrás de la fiesta futbolística, la jornada inaugural del Mundial 2026 dejó al descubierto una serie de contrastes que evidenciaron las asignaturas pendientes del país anfitrión.

Mientras millones de personas observaban al mundo poner los ojos sobre México, miles de aficionados enfrentaban una auténtica carrera de obstáculos para llegar al estadio. Operativos especiales, cierres viales, restricciones en el transporte público, filtros de seguridad y accesos limitados complicaron el arribo de los asistentes. A ello se sumaron diversas manifestaciones sociales y sindicales en distintos puntos de la capital, particularmente las relacionadas con la CNTE y otros colectivos, que obligaron a reforzar los operativos de movilidad y seguridad en las inmediaciones del inmueble mundialista.

Como si ello no fuera suficiente, las lluvias que azotaron la Ciudad de México durante la jornada pusieron nuevamente en evidencia la vulnerabilidad de la infraestructura urbana. Las precipitaciones provocaron afectaciones a la circulación vehicular, complicaciones en distintos sistemas de transporte y retrasos para miles de personas que intentaban desplazarse hacia el estadio o regresar a sus hogares. El Mundial llegó, pero también llegaron los viejos problemas que cada temporada de lluvias exhiben las limitaciones de la capital del país.

Pero quizás el contraste más llamativo se produjo fuera de la cancha. Mientras la afición abarrotaba las tribunas y las calles cercanas al estadio, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, decidió no asistir al partido inaugural. La mandataria optó por seguir el evento desde espacios alternativos preparados por el gobierno, lejos del principal escenario donde se desarrollaba el acontecimiento deportivo más importante del planeta. Su ausencia resultó inevitablemente simbólica.

La decisión adquiere una dimensión histórica. Diversos reportes señalan que es la primera ocasión en que un jefe de Estado de un país anfitrión no asiste a la inauguración de una Copa del Mundo. Mientras México presumía al mundo el honor de albergar por tercera vez una ceremonia inaugural mundialista, su máxima autoridad política optaba por mantenerse alejada del recinto donde se desarrollaba el acontecimiento.

Las explicaciones oficiales hablan de un gesto de cercanía con quienes no pudieron acceder a un boleto y de la intención de ceder su lugar a una joven mexicana. Sin embargo, el simbolismo político permanece. En momentos donde el país buscaba proyectar unidad, liderazgo y capacidad organizativa ante miles de millones de espectadores, la imagen que quedó fue la de una presidencia distante del escenario principal y refugiada en espacios controlados por el propio gobierno.

La inauguración del Mundial 2026 mostró dos rostros de México. El de la pasión futbolera, la historia y la capacidad de convocar al mundo alrededor del deporte. Pero también el de los problemas de movilidad, las protestas sociales, las afectaciones urbanas provocadas por las lluvias y una clase política de la 4T que, en el momento de mayor exposición internacional, decidió observar la fiesta desde la distancia.

El balón comenzó a rodar. La pregunta es, si las lecciones que dejó esta jornada inaugural tendrán la misma repercusión que los goles que se marcarán durante el torneo…

Buen fin de semana, la frase: “Nunca hables de lo que no sabes”.