
Brasil 2018. ¿México 2030?
Existen crecientes similitudes entre el contexto político brasileño de la década pasada y el actual en México. Más aún, mucho indica que esas similitudes solo se acrecentarán conforme transcurra este sexenio. Si en Brasil la debacle en el Partido de los Trabajadores (PT) terminó con la llegada al poder de Jair Bolsonaro, surge la pregunta de qué pasará en el país —y en la derecha mexicana— conforme crezca la descomposición en Morena… y en México.
Antes de la llegada de Bolsonaro al poder en 2018, el PT mantuvo la presidencia ininterrumpidamente durante 15 años (2003-2018). El partido de la izquierda brasileña gozó de amplia popularidad por dos razones fundamentales: un crecimiento económico sostenido en la exportación de materias primas y el programa social Bolsa Família, con entregas de efectivo condicionadas. Cabe destacar que esos dos factores no han estado presentes en México durante el gobierno de Morena, lo que podría hacer que la base electoral del oficialismo sea menos sólida. Primero, el crecimiento promedio con López Obrador fue de 0.8 %, y en el primer año de gobierno de Claudia Sheinbaum también fue de 0.8 %. Segundo, los programas sociales bajo el morenismo eliminaron la condicionalidad, lo que aumentó alarmantemente el rezago en educación y, sobre todo, en salud.
En Brasil, los problemas comenzaron durante la presidencia de Dilma Rousseff en 2014. Según los académicos Wendy Hunter (Universidad de Berkeley) y Timothy J. Power (Universidad de Oxford), tres fueron las razones de la caída estrepitosa del PT: una prolongada recesión económica, escándalos continuos de corrupción y una epidemia de inseguridad. En México, esos son precisamente los tres problemas de mayor preocupación para la población (ENCOAP – INEGI, 2025). La economía no levanta y no levantará ante la gran incertidumbre que están generando las reformas políticas de Morena y la renegociación del TMEC, también empantanada por las reformas. Por otra parte, el gobierno presume caídas en los homicidios que resultan dudosas, mientras nada dice sobre el aumento de las desapariciones y las extorsiones. Y los escándalos de corrupción solo continuarán ante la penetración del crimen organizado en el partido y en el Estado mexicano, así como ante las investigaciones en Estados Unidos.
Es en ese contexto económico y social, aunado a un entorno político de polarización y desconfianza hacia el establishment, que Jair Bolsonaro llegó al poder. De acuerdo con los autores, Bolsonaro obtuvo el apoyo de las clases medias brasileñas y de las “nuevas” clases medias surgidas de las políticas redistributivas del PT. ¿Qué sucederá con las clases medias mexicanas cuando los programas sociales ya no sean suficientes y se haga patente la ineptitud gubernamental? Pero Bolsonaro también conquistó la presidencia al apropiarse de un partido insignificante mientras se hundía el partido tradicional de la derecha brasileña, el PSDB, el mismo que llevó al poder al respetado Fernando Henrique Cardoso. ¿Se radicalizará la derecha mexicana? ¿El partido tradicional de la derecha mexicana, el PAN, tendrá cuadros entre sus filas que se encuentren a la altura de lo que viene? ¿O se apropiará de él algún populista externo, como lo hizo Trump con el Partido Republicano?
Entre el PT de Lula y el Morena de López Obrador hay una diferencia fundamental: mientras que el primero no es un partido populista de corte autoritario, el segundo sí lo es. El PT, inclusive, aceptó la victoria de Bolsonaro, mientras que Morena jamás ha aceptado derrota alguna. Y el primero no capturó el Estado brasileño, mientras que el segundo ya lo hizo con el mexicano.




