miércoles, junio 3, 2026
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VIVIR ES AHORA

Escuchar es la cura

En muchas ocasiones, las experiencias dolorosas dejan su huella en nosotros: un accidente, un giro inesperado, una pérdida, una traición… Huellas que, como una marca en nuestro cuerpo, parecieran condicionar nuestro actuar cotidiano.

Esas huellas se memorizan en la respiración, en la tensión del cuello, en la parálisis ante diferentes eventos, en la pausa antes de hablar… provocando una enorme inquietud, haciéndonos sentir incapaces de volver a sentir seguridad, y lanzándonos una serie de preguntas como: “¿Cómo le hago para volver a levantarme?”, “¿Podré algún día recuperar mi paz, mi tranquilidad?”, “¿Algún día volveré a ser feliz?”

Después de transitar por un momento difícil, nuestro cuerpo guarda memoria. Y ante un evento similar, o pasar por los mismos lugares, o incurrir en pláticas semejantes, sentimos como si una descarga eléctrica circulara por nuestro cuerpo, tensando nuestros músculos, provocando náuseas, y nos llenamos de miedo o de ganas de llorar.

Cuando sientas que tu cuerpo aún guarda los ecos del dolor, te estará indicando que requieres mirar más profundo para recuperar tu seguridad.

La inteligencia emocional, el coaching y la neurociencia nos recuerdan algo que es importante considerar: esas memorias no son una sentencia, sólo son información. Y, como toda información, puede ser escuchada, comprendida y transformada.

Las sensaciones y emociones que puedas llegar a sentir no vienen a limitarte, más bien actúan como señales. Señales que nos recuerdan que requerimos entrar en contacto más profundo con nosotros. Porque, tal vez por el miedo a mirar de frente al dolor, dejamos olvidada alguna parte que pudo haber quedado sin sanar.

Existe un ejercicio que requiere de un acto de fe y valentía, pero, sobre todo, de un gran amor hacia ti mismo, y que te puede ayudar a iniciar el proceso de sanación más profundo: acompañar al dolor que sientes.

Ponerle nombre a lo que sientes, reconocerlo y aceptarlo sin juzgar, aunque sea tan sólo por un pequeño instante, reduce grandemente la actividad amigdalar y crea una primera ventana de regulación. Es más fácil enfrentar algo que ya conocemos, que ya sabemos lo que es, que enfrentarnos a lo desconocido.

Y es que, en diversas ocasiones, la prisa por eliminar la sensación incómoda del dolor nos provoca abordar al primer pensamiento que pueda hacerle sentido para no volver a sentirla más. Pero, si no aprendemos a escuchar al dolor, volverá con más fuerza para entenderlo.

Entonces, tendremos que darnos un espacio para escuchar: no sólo con nuestra mente, sino con nuestro cuerpo; acompañar las sensaciones en la quietud, nos ayudará a encontrar el verdadero significado del mismo.

 

Si tu dolor pudiera hablarte, ¿qué mensaje tendría para ti?

El proceso de escucharlo es sencillo en su lógica y poderoso en su efecto. Primero, reconoce el mensaje sin juzgar: nombra lo que sientes. Poner palabras a la emoción reduce la alarma interna y te devuelve algo esencial: la perspectiva.

Luego, regula tu sistema nervioso con prácticas corporales intencionales como la respiración consciente, apoyos somáticos o movimientos que te permitan bajar la intensidad de la respuesta de estrés.

A continuación, reautoriza tu narrativa interna: con herramientas de coaching y PNL puedes transformar tus pensamientos automáticos en afirmaciones de seguridad y posibilidad, como: “Estoy a salvo”, “Puedo responder”, “Esto también pasará” … No se trata de negar el dolor, sino de reescribir su impacto en el presente.

Finalmente, reintegra el cuerpo y la emoción con micro-prácticas diarias: realiza escaneos corporales de 5 minutos o anclajes simples para restablecer la confianza en tus sensaciones.

Recuperar el sentido de vida no significa no volver a sentir dolor. Consiste en enseñarle a tu cuerpo y a tu mente a sentirse seguros otra vez después de la experiencia. Si deseas un camino guiado, el coaching combinado con PNL te ofrece herramientas prácticas y científicamente alineadas para reprogramar tu respuesta al miedo, reconstruir confianza y volver a disfrutar la vida. De este modo podrás volver a sentirte en casa habitando tu propio cuerpo. ¿Estás listo?

 

 

coachteylealg@gmail.com