martes, junio 2, 2026
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PUNTO DE CIENCIA

Por Cecilia Ixel Mazatán Ochoa

 Salud y espiritualidad

Todos los seres humanos tienen diferentes necesidades en cada una de las dimensiones y roles que lo conforman, sin embargo, la salud física, psicológica, social y espiritual, son elementos que todos deben contemplar para poder llegar a un equilibrio en la salud integral.

En este articulo se hablará sobre una de estas dimensiones de la persona, tal vez, la más compleja de entender y paradójicamente la más sencilla de alimentar. La espiritualidad como parte de la teología que estudia la actividad del espíritu en la vida del alma, hasta alcanzar una relación mística y su transmisión mediante palabras, testimonios de vida y apostolado eficaz. Lo que a su vez se puede ver como un recurso humano poderoso que se relaciona directamente con la construcción de sentido vital, ya que ella actúa como un elemento que ayuda a los individuos a tener mayor conciencia de sí, y al mismo tiempo a la autotrascendencia. Dichos aspectos contribuyen a la relación con los demás y el entorno a partir de reflexiones y perspectivas comunes que tienden a la benevolencia universal y la superación del egocentrismo.

Por otro lado, el papel que tiene la espiritualidad sobre la salud puede convertirse en una poderosa fuente de fortaleza, ya que capacita al individuo para hacer cambios positivos en su estilo de vida y a tomar conciencia de cómo las creencias, actitudes y comportamientos pueden afectar positiva o negativamente su salud. A demás como estrategia de afrontamiento, está asociada a una mejor salud mental y a una rápida adaptación al estrés, particularmente, al estrés prolongado. Ademas, las prácticas espirituales favorecen una mejor función inmunológica.

De esta manera el personal de salud debe conocer la necesidad de atender esta dimensión también, puesto que la espiritualidad se relaciona con obligaciones de carácter moral con uno mismo y los demás, con principios éticos y exigencias del ambiente externo lo que ayuda a la prevención de enfermedades, el diagnóstico temprano, el tratamiento oportuno y hasta la recuperación o el apoyo familiar en el duelo.

Lo mencionado hasta aquí tiene un sustento científico, puesto que se han realizado investigaciones que permiten comprobar cada una de estas aseveraciones, además, los autores de estas investigaciones coinciden sobre la existencia de una relación entre la espiritualidad y la salud siendo generalmente positiva y alentadora, ya que la mayoría refiere que, al vivir una mejor espiritualidad, también se percibe una mejora en su salud y su calidad de vida.

Por otro lado, se ha encontrado que la espiritualidad puede ser un mediador en la calidad de vida y enfermedades como la depresión y convertirse en una fuente de fortaleza, apoyando los cambios positivos en el estilo de vida de las personas, ayudándolas a que tomen conciencia sobre sus comportamientos, creencias y actitudes que pueden afectar positiva o negativamente su salud.

Y en las diferentes etapas de la vida se pueden generar perspectivas y acciones espirituales que aporten según sus necesidades, como en el envejecimiento, donde este se puede percibir como una gracia divina y que solo se logra con una buena calidad de vida, la espiritualidad y creencia en Dios. En otras etapas, se puede mostrar como una estrategia de afrontamiento que mejora la salud mental, la adaptación al estrés, favorece estilos de vida y comportamientos más sanos, disminuyendo el riesgo de enfermedades y mejorando la actitud de la persona que se enfrenta a la perdida de la salud.

En conclusión, la relación que existe entre la espiritualidad y la salud es de gran importancia para el cuidado y la mejora en la salud, la calidad de vida y el afrontamiento ante las enfermedades y las perdidas. Por lo que hay que buscar la inclusión de actividades o acciones del cuidado espiritual en la vida diaria.

 

Cecilia Ixel Mazatán Ochoa

 

Facultad de Enfermería y Nutrición “Dr. Santiago Valdés Galindo”

 

cecilia.mazatan@uadec.edu.mx