lunes, mayo 11, 2026
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CÁPSULAS SARAPERAS

El Chícharo

En esta ocasión te platico la historia de un Saltillense por adopción, una historia que desbloqueará muchos bellos recuerdo de nuestra hermosa ciudad durante los años 50´s hasta los 80´s del siglo pasado, me refiero a la historia de don Carlos Romero Arochi, mejor conocido como “El Chícharo” y de su negocio.

Don Carlos nació en 1924 en la Ciudad de México, cuando aún era conocida como el Distrito Federal. En la década de los 40´s Carlos llegó a Saltillo junto a su hermano para trabajar como plomero en la construcción de lo que sería el Hospital Civil de Saltillo, hoy Hospital Universitario. Encontraron hospedaje en casa de Guadalupe Valdés Berelanga, quien era la taquillera del recién inaugurado Cine Palacio, con quien al paso de poco tiempo uniría su vida construyendo una familia y una gran historia para Saltillo. Por cierto, déjeme decirle estimada y estimado Saltillense que doña Lupita dejó de ser la taquillera, es decir quien vendía los boletos del Cine Palacio, hasta el 9 de julio de 1972, solicitando permiso por medio de un escrito.

En 1954 la pareja decidió instalar una tienda de abarrotes bautizada como “El Chícharo”, pues para ese entonces a don Carlos ya se le conocía con ese sobrenombre. Abrieron las puertas de su tienda sobre la calle de Acuña, precisamente frente a las tortas “Palacio”, cuyo propietario era el boxeador apodado “El Kid Monterrey”, quien por cierto vendía unas tortas de pierna deliciosas, pero esa es otra historia, volvamos a la historia de don Chícharo.

Cuatro años después se mudaron a la vuelta, a unas cuantas cuadras para establecerse sobre nuestra emblemática calle de Victoria, para después de otros cuatro años, es decir en 1962, ubicarse en la misma calle de Victoria en el local marcado con el número 601 esquina con Xicoténcatl, en contra esquina de Almacenes García, enfrente del Paricutín, lugar donde por cierto era la parada de los camiones de la Narro, para más señas de aquel Saltillo, donde afuera estaba el sitio de autos de don Ramón y el señor Reyes.

Un local pintado con colores blanco y verde, un negocio en el cual podías encontrar de todo, desde jugos, revistas, periódicos, abarrotes, vinos y cerveza, leche, pan, huevo, fruta, carnes frías, bueno hasta cigarros y dulces americanos en aquellos años, cuando se pasaban de contrabando.

Intento recordar cómo era la tienda de don Chícharo, y disculpen que anteponga el “don”, pues fue amigo de mi familia y mi mamá siempre se refirió a él de esa manera. Además, era la tienda de mi barrio, podríamos decir, pues yo vivía en la de Victoria, calle donde mis papás tenían el mejor laboratorio del mundo.

Entrabas a la tienda y tenían una vitrina, en su interior había dulces americanos, recuerdo perfectamente tenían los SweeTARTS, también sobre ese mostrador tenían la caja registradora, atrás de ella doña Lupita o don Chícharo, sabiendo perfectamente el viejo adagio de “A ojo de amo engorda el caballo”, también tenían en ese mismo lugar una báscula.

La tienda “El Chícharo” fue varias veces arrasada después de aquellos famosos desfiles chuscos que realizaban los estudiantes, pero una y otra vez “El Chícharo” se reponía para seguir teniendo en pie lo que era tal vez la tienda de abarrotes más surtida que teníamos en Saltillo, la cual por cierto tenía un horario de lunes a sábado desde las 6 de la mañana hasta las 7 de la tarde y los domingos de 6 de la mañana a 12 del mediodía.

Don Chícharo era un hombre serio, pero al entrar en ánimo se animaba. Hombre franco, dicharachero, compadre del compadre Medina, padre y abuelo de dos nietos, María Elena y Carlos, amigos míos.

Desafortunadamente las devaluaciones, las crisis, los cambios hicieron que “El Chícharo” cerrara sus puertas en 1984. Don Chícharo partió de este mundo el 9 de marzo de 1991 a las 13 horas, a la edad de 67 años. Con seguridad el Creador necesitaba del mejor vendedor del mundo y por eso le llamó.

Ya en otra Cápsula Sarapera les platicaré del día en que don Chícharo estuvo a punto de venderle a mis papás la serie ganadora de la Lotería Nacional, pero esa es otra historia. Y la historia de don Chícharo y su tienda son algo muy de Saltillo y que vale la pena presumir.

 

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Es Saltillense*, papá de tres princesas mágicas, Rebeca, Malake y Mariajose. Egresado de nuestra máxima casa de estudios, la Universidad Autónoma de Coahuila, en donde es catedrático, es Master en Gestión de la Comunicación Política y Electoral por la Universidad Autónoma de Barcelona, el Claustro Doctoral Iberoamericano le otorgó el Doctorado Honoris Causa. Es también maestro en Administración con Especialidad en Finanzas por el Tec Milenio y actualmente cursa el Master en FinTech en la OBS y la Universidad de Barcelona. Desde el 2012, a difundido la historia, acontecimientos, anécdotas, lugares y personajes de la hermosa ciudad de Saltillo, por medio de las Cápsulas Saraperas. *El autor afirma que Saltillense es el único gentilicio que debe de escribirse con mayúscula.