
Ayer vi Napoleon en Prime. Y no me dejo pensando en historia, me dejo pensando en nosotros. Porque este personaje no gobernaba. Se sentía el “elegido”. No administraba un país…se creía la historia en persona. Y me dejo pensando, en realidad…¿hemos cambiado tanto? O actualizamos el uniforme. Antes era caballo. Hoy son otros métodos de transporte. Antes era espada. Hoy es micrófono o tuitasos o métodos peores. Antes se coronaba en iglesias. Hoy se coronan solos… todos los días.
Y ojo, no se trata de izquierda o derecha. Se trata de: gente que se empieza a creer su propio personaje. Voltea a ver el mundo hoy. Guerra Rusia-Ucrania Conflictos Israel, Venezuela, Distintas banderas. Distintos speech. Llegando a donde mismo: alguien convencido de que vale la pena tensar todo… con tal de no soltar el control.
Yo creo que: El poder no vuelve loco ni pudre a nadie. Nomás revela la persona que ya era.
Y cuando te la crees…empieza el show: Ya no hay rivales, hay “enemigos”. Ya no hay errores, hay justificaciones. Ya no hay costos, hay “daños necesarios”. Y lo más gacho: Ya no gobiernas para la gente…gobiernas para sostener la narrativa.
Napoleón hacía exactamente eso. Ganaba una batalla…y no cerraba el capítulo. Lo inflaba. Lo cacareaba. Lo convertía en mito. Se vendía como inevitable.
Y hoy pasan cosas muy similares. Nomás que en versión moderna: Likes, aplausos, discursos incendiarios, “nosotros vs ellos”, polarización y la idea de que sin esa persona… todo se cae. Y ahí es donde la gente cae en el juego psicológico. Porque se siente bien pensar que alguien tiene el control. Que hay un “genio” al frente de todos. Que alguien ya entendió todo por ti. Y la verdad es que…Rara vez es así.
Porque cuando un líder necesita que todo dependa de él…no está construyendo un país. Está construyendo su propio imperio en el país de las maravillas. Y esos siempre terminan igual. Tarde o temprano, la realidad los sacude y gacho. Y normalmente no lo pagan solo ellos. Lo paga la gente.
Lo interesante aquí no es Napoleón. Es lo poco que han cambiado las cosas. Sigue existendo ese mismo tipo de líder: el que habla fuerte, el que divide, el que te vende claridad donde hay puro desastre, y el que convierte problemas complejos en discursos de tres palabras. Napoleón no es solo historia. Es una tentación. La tentación de creer que alguien puede cargar con todo. Que alguien más lo va a arreglar.
Pero hay una realidad distinta: Cada vez que elegimos show sobre criterio, no estamos encontrando líderes. Estamos fabricando emperadores. Y esos… nunca terminan bien.
No solo porque sean malos. Sino porque nadie debería tener tanto protagonismo… sin consecuencias. El problema nunca fue Napoleón. Es que, siglos después… nos sigue encantando aplaudirlo.




