lunes, febrero 16, 2026
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JULIO, EL HIJO

Fechada en la Ciudad de México el 30 de agosto del 2021, al renunciar como consejero jurídico de la presidencia, Julio Scherer Ibarra le redactó, envió e hizo pública una muy sentida carta al entonces presidente Andrés Manuel López Obrador. La epístola dice así:

“Nuestro andar juntos tiene más de veinte años. La simpatía, la sinceridad y el afecto nos fueron acercando; los valores y la convicción acabaron por hacer de nosotros dos amigos que verdaderamente se quieren.

Seguía cada quien una ruta distinta que finalmente nos conduciría a un destino común: usted desde su posición de político; yo desde la mía en un despacho de abogados.

Con sus pasos reconocí en usted gestos de mi padre con los que me comprometí ineludiblemente: el pleno respeto a los derechos humanos y su lucha contra la corrupción y la desigualdad como prioridad.

Rumbo a la campaña presidencial de 2006 me ofreció ganar o perder a su lado y yo decidí acompañarle. Estos años fui testigo en primera línea de su honestidad, su compromiso con los más desprotegidos y la esperanza que en ellos despierta.

Desde el inicio del proyecto ambos supimos que nuestro desempeño como parte del gobierno tendría un tiempo límite: para usted los seis años que marca la Constitución para el encargo de ejecutivo federal; para mí la realización de las reformas legales necesarias para alcanzar la justicia social que usted persigue.

Agradezco la confianza y el apoyo que como Consejero Jurídico de la Presidencia me manifestó en todo momento, pero sobre todo la oportunidad de contribuir a la transformación de México que, tengo la certeza, va cristalizándose paulatinamente.

Cumplida la encomienda pactada, mi ciclo se completó y es tiempo para retomar las actividades que dejé en pausa para formar parte de un proyecto de Nación, encabezado por usted, en el que creí y en el que creo.

Fueron incontables nuestros encuentros; muy pocos desencuentros, miles de conversaciones, confidencias, consejos, desahogos, planes, proyectos, dudas, frustraciones, luchas, celebraciones y fracasos.

Usted devolvió el respeto y la admiración por la investidura presidencial en millones de mexicanos entre los que yo me cuento.

De los amigos uno nunca se despide, por eso, ni mi compromiso personal con el amigo ni con el Presidente de la República están concluidos.”

Con el paso del tiempo, Scherer Ibarra se encontró con el periodista Jorge Fernández Meléndez, quien le pidió: cuéntamelo lo todo.  Julio entró al confesionario a desquitar su despecho.

El periodista vive en el instante, y le planteó proyecto que, aunque apresurado por algún desquite fiscal y la coyuntura, ya es una realidad: Una entrevista convertida en libro: “Ni venganza ni perdón”. Firmado por ambos, el texto cuenta pasajes sobre el paso del hijo de él icónico periodista Julio Scherer García por la administración pública.

La obsesión es un círculo, la voluntad una línea recta que rompe el círculo o se degrada.

El exconsejero jurídico de la Presidencia explica en el libro que su salida no fue producto de una traición, sino de un cambio profundo en la estrategia política del entonces presidente Andrés Manuel López Obrador. El mismo que, según había dicho en su sentida carta, había devuelto “el respeto y la admiración por la investidura presidencial en millones de mexicanos” entre los que Scherer se contaba.

No te acerques al fuego del poder, que no es fuego que purifique, citaba Don Julio. A veces los hijos no escuchan, y no está mal.

Entre otras cosas Scherer señala que el poder del Estado transformó a López Obrador, pasando de ser un líder social a un político endurecido por el ejercicio del mando crudo.

No es mi afán la revelación de detalles importantes de la trama, el desenlace o giros argumentales del libro, pues arruinaría la sorpresa para quien aún no lo ha leído. Así que solo les diré que el Julio que escribió la primera carta aquí expuesta no parece el mismo que le platicó sus penurias burocráticas a Fernández Meléndez.

Muy lejos del estilo narrativo de su padre, Julio Scherer García, que se caracterizó por una mezcla única de rigor periodístico, literatura y una profunda ética, Julio junior nos platica desde el despecho.

Pero hay que escucharlo, no vaya a ser que algo de los que nos cuente sea verdad. Aquí entra el criterio agudo del lector. Desde abajo no se sabe qué aires se respiran allá arriba.

 

José Vega Bautista

@Pepevegasicilia

josevegabautista@gmail.com