
¿Te tomarías un café con Marx?
Disculpen: tal vez entraron a esta columna pensando que hablaba de Marx, el pensador. Aquel del capitalismo.
Pero no. Hoy me refiero a Marx Arriaga Navarro, el funcionario que se viralizó recientemente por su salida de la Secretaría de Educación Pública. Oficialmente no fue un recorte de personal, sino una supuesta falla en publicaciones por falta de representación de género. Aunque para muchos, eso fue solo el pretexto.
Y entonces vale la pena mirar atrás.
Porque antes de Arriaga estuvo Jaime Torres Bodet —y no, no hablo del kínder, secundaria o preparatoria que quizá queda cerca de su casa— sino del secretario de Educación durante el gobierno de Adolfo López Mateos, quien estructuró la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos. Bodet fue pieza clave para el sector educativo al impulsar una política pública con un objetivo claro: garantizar el acceso equitativo a materiales educativos para todos los niños del país, como parte del compromiso constitucional con la educación gratuita y obligatoria.
Un proyecto de Estado. No de ideología.
Avanzamos varias décadas y llegamos a 2023. Marx Arriaga estuvo constantemente en la prensa tras el lanzamiento de los nuevos libros de texto, en los últimos años de la presidencia de Andrés Manuel López Obrador. La polémica no tardó: cambios en matemáticas y ciencias, errores detectados en algunos contenidos, críticas por enfoque ideológico y cuestionamientos sobre los procesos de elaboración y consulta. Arriaga respondió casi siempre desde la defensiva.
A diferencia de los libros tradicionales, estos nuevos materiales provocaron incluso amparos y bloqueos en varios estados para frenar su distribución durante 2023 y 2024.
¿Y eso nos afecta?
Claro que sí.
Este tipo de situaciones incómodas —que seguramente ya son tema de sobremesa en el café del Sanborns de los Azulejos— impactan tanto en reputación como en los pasillos políticos. Y es que Arriaga nunca ocultó que su trabajo estaba alineado con los ideales del obradorismo.
Aquí es donde vale la pena detenernos.
Estamos hablando de los libros que forman a nuestras juventudes. De quién decide los contenidos que llegan a la educación básica. Pareciera que queremos sumar complejidad innecesaria a un sistema educativo que ya viene arrastrando un fuerte retroceso postpandemia.
Es momento de preparar café… pero también de ponernos a trabajar.
Porque ahora la pregunta es quién llegará en su lugar, qué pasará con los libros y cuánto costará cualquier corrección. No olvidemos que cada cambio implica millones de pesos del erario.
Y quizá, solo quizá, este escenario haría que incluso Victoria Dorantes, mejor conocida por ser el rostro de La Patria en los antiguos libros de texto, lo pensara dos veces antes de volver a aparecer en sus portadas.




