
De mi biblioteca: “La ola que viene” de Mustafa Suleyman
Mustafa Suleyman no es un teórico ni un futurista de gabinete; es un hombre que ha estado en la cocina donde se preparan los algoritmos que hoy dominan la conversación global. En su libro La Ola que viene, el cofundador de DeepMind nos lanza una advertencia que debería estar en la agenda de cualquier consejo de administración: estamos frente a una «ola» tecnológica —impulsada por la Inteligencia Artificial y la biología sintética— que, a diferencia de las anteriores, posee una capacidad de difusión y una escala de impacto que desafían nuestra capacidad de control. No estamos ante una simple herramienta de eficiencia, sino ante un cambio en la arquitectura misma del poder y la producción.
El argumento central del autor es que estas tecnologías son de «propósito general», lo que significa que se filtrarán en cada poro de la economía y la sociedad. Sin embargo, el riesgo no reside solo en la potencia del código, sino en su democratización. Lo que hoy es una ventaja competitiva de las grandes empresas tecnológicas, mañana será un servicio de bajo costo accesible para cualquiera. Esta erosión de las barreras de entrada crea un dilema de seguridad sin precedentes: la misma tecnología que puede diseñar una cura para el cáncer puede, en manos equivocadas o por un error de cálculo, diseñar un patógeno letal o colapsar sistemas financieros mediante ataques automatizados.
Para el líder de negocios actual, este libro obliga a replantear el concepto de responsabilidad corporativa. Ya no basta con preguntar «¿qué podemos hacer con la IA?», sino «¿qué riesgos estamos inyectando en el ecosistema al desplegarla?». El autor introduce el concepto de «CONTENCIÓN» como la única vía de supervivencia. Contener no significa prohibir —lo cual sería ingenuo e imposible en un entorno de competencia geopolítica—, sino construir un marco de gobernanza, auditoría y frenos técnicos que permitan el progreso sin sacrificar la estabilidad. Es, en términos coloquiales, ponerle frenos de potencia a un vehículo que ya corre a 300 kilómetros por hora.
Uno de los puntos que más llama la atención del análisis es la tensión entre la apertura y el control. Suleyman reconoce que la transparencia es un valor democrático, pero advierte que la apertura total en modelos de IA potentes es una receta para el desastre. En este sentido: ¿cómo equilibramos la innovación abierta con la necesidad de vigilancia? El libro sugiere que necesitaremos instituciones nuevas, ágiles y con argumentos legales, capaces de auditar algoritmos con la misma rigurosidad con la que se inspecciona una planta nuclear. Para la empresa privada, esto significa que la «ética de la IA» dejará de ser un ejercicio de relaciones públicas para convertirse en un requisito de cumplimiento legal y operativo.
En el ámbito laboral y económico, el texto elude la catástrofe simplista. No predice el fin del trabajo, pero sí una reconfiguración violenta del valor. La productividad «cognitiva» se convertirá en un “artículo”, y la ventaja competitiva se desplazará hacia la capacidad de orquestar estas herramientas con criterio humano y visión estratégica. El peligro real es la desigualdad: si la captura del valor se queda solo en quienes poseen la infraestructura de los grandes modelos, el contrato social podría fracturarse, alimentando populismos y desestabilización política que, a la larga, son veneno para cualquier mercado sano.
Por último, “La Ola que viene”, es un llamado al realismo pragmático. Suleyman nos dice que la ventana para establecer estas reglas de contención se está cerrando. La velocidad de la tecnología siempre ha superado a la de la ley, pero esta vez la brecha es un abismo. El mensaje para la alta dirección es claro: la gobernanza tecnológica ya no es un tema del departamento de sistemas; es el riesgo existencial número uno. Quien no entienda que la sostenibilidad del negocio hoy depende de la estabilidad del sistema tecnológico global, simplemente no está viendo la ola que tiene enfrente.
En conclusión, estamos ante una obra indispensable que nos baja de la nube del optimismo ciego y nos aterriza en la urgencia de la gestión. La tecnología es el motor, pero la contención es el volante. Sin lo segundo, el choque no es una posibilidad, sino una certeza estadística. Es momento de que los líderes asuman su papel no solo como adoptadores de tecnología, sino como arquitectos de su seguridad. La ola ya rompió; ahora nos toca decidir si aprendemos a navegarla o dejamos que nos arrastre.
X:@pacotrevinoag




