jueves, febrero 5, 2026
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El papa León XIV celebró su primera misa desde la Capilla Sixtina

“Que la Iglesia sea un faro que ilumine las noches del mundo”, señaló

Ciudad del Vaticano.- En su primera homilía como pontífice, el papa León XIV celebró este viernes la Misa pro Ecclesia junto a los cardenales en la Capilla Sixtina, lugar emblemático donde un día antes fue elegido como el 267º sucesor de Pedro. Entre los frescos del Juicio Final y la Creación de Adán, el nuevo papa marcó el rumbo de su pontificado con un llamado claro a la conversión diaria, el compromiso personal con Dios y el testimonio valiente de la fe en un mundo que con frecuencia la desprecia.

Antes de la homilía, el papa improvisó unas palabras en inglés agradeciendo a los cardenales y confiando en ellos como compañeros de camino: “Como Iglesia, como comunidad de amigos de Jesús, estamos llamados a proclamar la Buena Noticia”, dijo. Acto seguido, exhortó a evangelizar incluso en ambientes donde creer parece absurdo, dominados por el culto a la tecnología, el éxito, el poder o el placer, donde Jesús es reducido a un mero personaje carismático, incluso entre los mismos bautizados que viven, en sus palabras, “un ateísmo de hecho”.

León XIV advirtió sobre las consecuencias de la falta de fe: pérdida del sentido de la vida, crisis familiar, heridas sociales profundas y olvido de la dignidad humana. “Este es el mundo que nos ha sido confiado”, afirmó, retomando el llamado a testimoniar con alegría que Jesús es el Salvador, aún en medio de la incomprensión o el desprecio.

Como Sucesor de Pedro y Obispo de Roma, el papa evocó a San Ignacio de Antioquía para expresar su deseo de desaparecer para que Cristo permanezca: “Hacerse pequeño para que Él sea glorificado, gastarse hasta el final para que nadie quede sin conocerlo”. Pidió la gracia de vivir esa misión con humildad y con la ayuda de María, Madre de la Iglesia.

En el centro de su mensaje, el pontífice recordó quién es Jesús: no sólo un hombre justo o un profeta, sino “el Hijo de Dios vivo”, como lo confesó Pedro. Esa confesión, dijo, es el tesoro confiado a la Iglesia y que él, como papa, se compromete a custodiar y anunciar fielmente, para que la humanidad pueda descubrir en Cristo “un modelo de humanidad santa” y la promesa de una vida eterna. (EL HERALDO CON INFORMACIÓN DE VATICAN NEWS)