COMO DECÍA MI ABUELA

La realidad…

Cuando visitaba a mi abuela, era común ver a una que otra vecina con ella, ya fuera «La comadre Lupita», «Doña Tencha», «Pastía» y demás apodos y sobrenombres con los que identificábamos a sus compañeras de tarde. Un día escuché cómo le contaban a mi abuela del trágico acontecer de una pareja a punto de divorciarse, y la vecina en cuestión decía «imagínese, peor que telenovela» a lo que mi abuela respondió «la realidad, supera a la ficción».

Esta semana se estrenó el documental «Caníbal, indignación total» realizado por Camila Producciones, Plétora Productions en conjunto con la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN). En él, se relata la historia del feminicida más atroz hasta ahora registrado en la historia de nuestro país, pues los expertos estiman que Andrés «N» llevaba más de 30 años cometiendo sus crímenes.

Esta serie documental, tiene la finalidad de crear consciencia en la sociedad mexicana de la gravedad del problema que enfrentamos con los feminicidios. Son tantas las noticias y tantos los casos que es difícil recordar a las víctimas que, día con día, se suman a la estadística de 11 mujeres asesinadas en México.

Cómo decía mi abuela «la realidad, supera a la ficción», y este caso me recuerda a los cuentos de Barba Azul y Caperucita Roja. En ambos, el villano tiene rasgos que lo identifican como extraño o peligroso, monstruos que son fácilmente identificados como tales por quien lee la historia, ya que el extraño color de su barba o su naturaleza de animal salvaje tienen la finalidad de poner al lector sobre aviso del peligro que lo acecha. Justamente, los refranes, dichos, cuentos y leyendas tienen, en su mayoría, la vital tarea de ponernos sobre aviso utilizando metáforas para que niños y adultos, entiendan el mensaje del peligro que existe a su alrededor. Cómo lo señala Clarissa Pinkola en su libro Mujeres que corren con los lobos al abordar justamente el cuento de Barba Azul: «Todas las criaturas tienen que aprender que existen depredadores. Sin este conocimiento, una mujer no podrá atravesar su propio bosque sin ser devorada».

Sin embargo, nos hemos empeñado una y otra vez en llamar monstruos y enfermos mentales a los feminicidas, y esto, lejos de ayudar a reconocerlos, los envuelve en un velo de misterio que hace irreconocible al autor del crimen frente al «monstruo demente» que construimos en el colectivo imaginario.

Por esto, bajo la fachada de buen vecino, «el Chino» cómo lo apodaban en la colonia, escondía sus verdaderas intenciones. Mantenía un perfil bajo, por lo que los vecinos lo consideraban un hombre atento, dispuesto a ayudar a sus conocidos y preocupado por el bienestar de la colonia, por lo que, a decir de los policías, se rehusaban a creer que Andrés «N» fuera capaz de tales actos, y es que, es muy difícil pensar que a unos metros de distancia, desde hace más de treinta años, sucedía en una vivienda de la misma colonia, el cuento de horror más espeluznante, que ni siquiera Allan Poe o Stephen King, pudieran crear.

Es aquí cuando cobra sentido el llamado que, desde la teoría feminista, se hace a la sociedad, en cuanto a no llamar “animales”, “monstruos” ni “enfermos” a los abusadores, violadores o feminicidas, pues esta categoría los coloca en un punto donde es imposible reconocer al «depredador» dentro de nuestro entorno más íntimo, como parte de nuestra red de apoyo o dentro de nuestra propia familia. Es importante reconocer que, los actos por los que se llega a cometer un feminicidio, forman parte de una cultura machista, que se encuentra arraigada en la base misma de nuestra sociedad.

Andrés «N» apeló a las cualidades que por género nos son atribuidas a las mujeres. De esta manera, su aspecto descuidado y su extraño olor corporal, lo hacían ver como un ser desvalido, un hombre solo y sin los cuidados de una mujer, y con eso logró llevar a sus fauces a, por lo menos, 17 mujeres, según las investigaciones en las que se recuperaron 4,600 restos óseos.

La serie «Caníbal, indignación total» muestra cómo la impunidad que impera en nuestro país muchas veces se nutre de las creencias sociales. Ojalá que este documental sirva para el propósito que fue creado y más personas cobren consciencia de la gravedad del feminicidio en México.

Autor

El Heraldo de Saltillo
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