HISTORIAS DE SALTILLO

A través de sus personajes, sus anécdotas y sus lugares

JUAN JOSÉ CASAS GARCÍA

Los esclavos negros en la historia de Saltillo

El vocablo “negro” tiene su origen en la palabra latina niger que designaba simplemente el color. En la Roma antigua, por ejemplo, los hombres negros podían ser símbolo de riqueza o de belleza. Otras culturas veían el color negro como un signo completamente positivo, como los egipcios que lo vinculaban a la fertilidad (debido al limo que aporta el río Nilo) o lo vikingos que veían en el cuervo, negro, una de las muchas apariciones del dios Odín. Es con la Edad Media y con el cristianismo que el significado de la palabra “negro” se tornó negativo. Se comenzó a especificar a los humanos con dicho apelativo basándose en su color de piel y en otros elementos descriptivos tanto cultural como geográficamente. Así, la imagen de varios territorios -como África- se fueron transformando como espacios sombríos habitados por seres monstruosos. Por tanto, la connotación peyorativa comenzó con la oposición de los colores blanco/negro, por un lado luz, pureza, y por el otro oscuridad y peligro. La cristiandad reforzó esta categoría asociando la figura de Satán con la oscuridad y el color negro.

En este contexto de negatividad, la palabra negro (como color) se confundió con “negro” (designando al ser humano) por medio de la trata de esclavos en el siglo XVII. Es a partir de la esclavitud de hombres y de mujeres negros, realizada por portugueses, que la palabra ya no se referiría a un color, sino a un estatus social. El sistema de esclavitud colocó el color y la persona como un sinónimo y con una connotación negativa, es decir, negro sería igual a esclavo. Incluso la ciencia del siglo XIX clasificaría la inferioridad del negro, en una escala social, basándose en el color de la piel como un elemento que determinaba las aptitudes intelectuales y morales. En suma, lo simbólico de los colores y su oposición realizaron viajes en los imaginarios a través de las temporalidades y de las latitudes. Así, la esclavitud de negros constituyó una parte esencial en la historia de América, de México y de Saltillo.

Los negros, que a la postre devinieron mulatos por medio del mestizaje, llegaron como esclavos a Saltillo provenientes de Zacatecas o de Mazapil, principalmente. En estas villas eran empleados en las minas, muy importantes para el virreinato de la Nueva España. En Saltillo, por otro lado, fueron utilizados en las actividades agrícolas de las haciendas o como esclavos domésticos. El primer documento registrado sobre esclavos negros en Saltillo data de 1659, pero eso no significa que la presencia esclava comenzó en dicha fecha. Para comerciar esclavos se debía pagar un impuesto a la Caja Real, por lo que los negros fueron normalmente silenciados de las actas oficiales para precisamente escapar a dichos pagos. Es decir, los negros no solamente fueron vejados en la realidad, sino también en los discursos del poder colonial, por lo que muy probablemente los esclavos negros hayan llegado incluso antes de esa fecha.

La pirámide social fue insertada en el imaginario y en las mentalidades. Así, por ejemplo, el hermano de Miguel Ramos Arizpe, el cura de la parroquia de san Juan Nepomuceno, Rafael Trinidad Ramos y Arizpe, se opuso en 1798 al matrimonio de una española con un mulato “cuya desigualdad es bien notoria”, argumentaba el párroco. No se trató del único religioso que poseía este tipo de mentalidad, pues incluso los franciscanos y jesuitas de la ciudad poseían esclavos a quienes utilizaban en labores domésticas o a quienes vendían como mercancías. Los sacerdotes de Parras y Monclova hicieron lo mismo.

Ahora bien, existían diversas maneras de obtener esclavos, la más común era la compra-venta, que certificaba al esclavo como una propiedad privada, pero también fueron heredados en testamentos o cambio de posesión por medio de cartas, es decir, el negro era claramente una mercancía, con precios no siempre fijos. En Saltillo, por ejemplo, quienes más compraban y vendían esclavos, quienes más consumían su fuerza de trabajo, eran los militares. Del mimo modo, al ser tipificados como mercancía, los esclavos eran separados de sus familias, como el caso de Nicolasa quien fuese separada de su madre Juana en 1726 por conducto de venta. De igual forma, el vientre de mujer esclava era construido como mercancía, es decir, el producto de dicho vientre sería declarado esclavo. De esta manera, los negros y mulatos nacían siendo esclavos a raíz de la construcción de la sociedad colonial. El caso de la esclava María en 1805 constituye un ejemplo muy ilustrativo. Rosalía de la Zendeja vendió a su esclava María a Gertudris Polanco sin saber que la esclava estaba embarazada, por tanto, una vez nacida la criatura, se alegó que el embarazo había sido gestado en casa de Rosalía, por lo que Gertrudis debía pagarle más dinero. Finalmente se pagó 186 pesos por el vientre y 25 por la prole. En ese sentido, ya se pactaban precios y se vendían esclavos incluso antes de nacer, al igual que se fijaba que una esclava hembra era más cara que un esclavo macho, por lo menos en Saltillo.

Por otro lado, el color no fue el único elemento para generar esclavos, había incluso en Saltillo esclavos blancos producto del mestizaje, dicho de otra manera, se trató del mismo sistema de esclavitud por vientre, aunque el color de piel de los gestantes hubiese cambiado con el tiempo. De este modo, se hablaba de mulatos blancos, es decir, el color no correspondía a la realidad, sin embargo, ya se había dibujado el imaginario sobre la figura del esclavo. Mulato fue por tanto una categoría social y no un color. De hecho, en Saltillo se registraron 23 colores diferentes de negritud, desde el negro, prieto, cocho, membrillo, hasta el trigueño y blanco.

Ahora bien, todo proceso de dominación lleva consigo elementos de resistencia. Es decir, los negros no constituyeron un grupo social que no luchó por sus intereses. Al contrario, se relataron casos de esclavos negros con armas en 1687 e incluso un mulato esclavo mató al hijo de su ama en 1729, además de los diversos casos de fuga que se registraron durante el periodo colonial. De la misma manera, un mecanismo de defensa contra la esclavitud fue la compra de esclavos por parte aquellos que se habían liberado. Dicho de otro modo, los mulatos libres acumulaban capital económico para después comprar y liberar a sus seres queridos, como el caso de Manuel López de la Cruz quien en 1759 solicitó la compra de su esposa María Faustina o el de María Bruna Fausta que pretendía liberar a sus dos hijos. Del mimo modo, 25 esclavos de la hacienda de Mesillas juntaron capital para “que se le haga la redención de dicha esclavitud” a su compañero Joseph Ygnacio de Aguirre en 1774.

En fin, poco a poco, la palabra Negro (con mayúscula) se construiría como un concepto de combate para luchar contra las injusticias sociales. Los esclavos haitianos, por ejemplo, llevarían a cabo su independencia en 1804 bajo esta bandera. En el siglo XX, el intelectual Aimé Césaire incluso tomaría las connotaciones negativas de la palabra negro para transformarlas en dignidad. Para él, la negritud también formaba parte de la humanidad y de su historia.

El Archivo Municipal de Saltillo contiene un rico acervo de alrededor de 249 documentos sobre esclavos negros, mulatos y sus descendientes que recorren por lo menos entre 205 y 215 años de esclavitud en nuestra ciudad, según las estimaciones de los historiadores Carlos Manuel Valdés e Ildefonso Dávila, quienes realizaron un bello estudio pionero -sobre esta sociedad marginada del Saltillo colonial- publicado por el archivo de la ciudad en 1989.

Como se ha dicho, los negros también formaron parte de la historia de toda la América -México y Saltillo incluidos- aunque con connotaciones netamente negativas. La historia se construye con las filias y las fobias, y queramos o no, los esclavos y los esclavistas forman parte de nuestra historia como saltillenses. Los negros fueron pintados de una manera negativa, nuestra ceguera nos impide ver que, tanto ayer como hoy, ellos, al igual que otros grupos marginados, también formaron y forman parte de una paleta mucho más amplia de colores y que construyeron y construyen lo que es hoy nuestra sociedad. Visto de esta manera, me parece que a nuestra mítica fuente de la plaza Nueva Tlaxcala le hace falta un indio nómada y un esclavo negro. Como lo apuntaba el escritor Eduardo Galeano, hasta los blancos blanquísimos vienen del África. Así, debemos conocer y reconocer que formamos parte de un arcoíris humano.

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El Heraldo de Saltillo
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