A LA BÁSCULA  

El de atrás paga 

Cuando chavos allá en el barrio, la palomilla empleábamos una estrategia para pasear en la desaparecida ruta de transporte llamada ‘Circunvalación’ y en ocasiones la repetíamos en las funciones de cine de la matiné para pagar menos de lo que correspondía. Es decir, subíamos al camión unos diez chavos y le decíamos al ‘chofis’ uno a uno conforme íbamos subiendo: el de atrás paga, el de atrás paga, y el último pagaba cuando mucho la mitad de los pasajeros que habíamos abordado.

Aquellas eran bromas de chiquillos para pasearnos en los camiones de pasajeros y para entrar a ver, ni siquiera películas completas, sino que asistíamos al llamado ‘cine cachitos’, llamado así porque nos proyectaban en la pantalla el contenido de una cinta conformada por trozos de cinta de diversas películas, que las iban pegando hasta que se completaba un rollo completo y eso es lo que íbamos a ver.

La estrategia del ‘el de atrás paga’ sin embargo en nuestros días, en la realidad económica y el diario vivir no es para nada una broma, y si alguien lo visualizó así, debe ser una de muy mal gusto. En la cadena de producción de productos y servicios el ‘de atrás’, es decir, el último eslabón, el consumidor, usted, yo, todos, porque no hay quien no haga consumo de algún tipo de producto o servicios. Acá realmente el de atrás termina pagando.

Como parte de la miscelánea fiscal aprobada por el Congreso de la Unión, a partir del 1 de enero entró en vigor la ‘actualización’ en el cobro del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) en algunos rubros como las gasolinas, los cigarros, la cerveza, los refrescos, la leche, el pan de dulce, las botanas, el pan de caja.

Dependiendo de los tiempos y los gobiernos en turno, se utilizan palabras rebuscadas para evitar llamarles a muchas cosas por su nombre. Así, los aumentos dejan de ser lo que son para pasar a llamarles pomposamente ‘ajustes’ o, como es el caso ‘actualizaciones’ en precios o imposiciones fiscales. Así, a lo que nos estamos enfrentando no son amentos –porque la simple palabra, dicen los especialistas, genera mentalmente un impacto negativo en las personas-, sino son ajustes; se ajustaron por porcentajes del IEPS dependiendo de cada tipo de producto, pero no se aumentó nada, con todo y que usted y yo, ‘los de atrás’, terminemos pagando más de lo que pagábamos todavía hace 10 días por el mismo producto.

Ingenuamente se nos hizo creer que esos ‘ajustes’ al IEPS no se iban a cargar al consumidor final, sino que el diferencial iba a ser absorbido por las empresas ¿Sí sabe usted cuándo va a ocurrir eso? ¿Sabe cuándo las empresas nacionales y algunas de ellas trasnacionales van a sacrificar sus márgenes de utilidad para que los consumidores no carguen con los incrementos?

Otra vez, me parece como muchos otros derivados de decisiones gubernamentales, el objetivo puede ser bueno, pero las formas de aplicarlo son pésimas. Y ya sabemos que en esto como en muchos ámbitos, la forma es fondo. Y las formas de aplicar estos ajustes, al final del día, dan al traste con el fondo.

Y dado que es el consumidor final –o sea, otra vez, usted y yo- tenemos que cargar con ese ‘ajuste’, porque todas las empresas de inmediato incrementaron los precios de sus productos, el aumento al salario mínimo de un 20 por ciento que entró en vigor el mismo día, se va a diluir y volverá a quedar en nada.

El gozo de que el salario mínimo pasara este año de 102.68 a 123.22 pesos, se fue al pozo. Los 20.54 pesos se van a diluir en medio de tantos incrementos que, se quiera o no, es una espiral que va a causar inflación.

Desgraciadamente, insisto en la realidad la frase de ‘el de atrás paga’ es literal, el último en el eslabón de la cadena de producción-consumo, es el que terminará por pagar las consecuencias de estas ‘actualizaciones’.

Pero quédese tranquilo, de aquí en adelante usted va a tener que pagar más por una variedad de productos, pero no es un aumento, no es un incremento, es solamente una actualización, pero nadamás.

Pero en calidad de mientras, vaya ajustándose el cinturón, apriételo un poquito más, hágale a su cinto uno o dos ‘agujeritos’ más.

 

laotraplana@gmail.com

 

@JulianParraIba

 

Autor

El Heraldo de Saltillo
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