viernes, febrero 6, 2026
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Imaginar momentos gratos con conocidos activa el cerebro como si fueran reales

Foto de depositphotos.com

Colorado, Estados Unidos.- Imaginar experiencias positivas con otras personas no solo mejora la percepción que se tiene de ellas y plantea una idea clara hacia una meta, sino que también induce cambios medibles en la actividad cerebral, así lo estableció un estudio internacional publicado en la revista científica ‘Nature Communications’.

La investigación, desarrollada en colaboración por científicos del Instituto Max Planck de Ciencias Cognitivas y Cerebrales Humanas (Alemania) y la Universidad de Colorado Boulder (Estados Unidos), demuestra que la imaginación positiva puede modificar las preferencias personales y activar en el cerebro los mismos circuitos que se encienden durante experiencias gratificantes reales, lo que abre nuevas posibilidades para la salud mental y el bienestar.

El equipo liderado por Roland Benoit, profesor asociado de psicología y neurociencia en la Universidad de Colorado, y Aroma Dabas, del Instituto Max Planck, comprobó que los participantes que imaginaron de forma vívida encuentros positivos con personas conocidas desarrollaron una mayor preferencia hacia ellas.

El estudio, que incluyó a 49 participantes, consistió en pedir a los voluntarios que imaginaran interacciones positivas o negativas con personas de su entorno mientras se registraba su actividad cerebral mediante resonancia magnética funcional.

El trabajo profundiza en el mecanismo cerebral que permite que la imaginación positiva tenga efectos tan tangibles. Los investigadores identificaron que el cuerpo estriado ventral, una región clave en el procesamiento de recompensas y en el aprendizaje por refuerzo, se activa durante las simulaciones mentales de experiencias placenteras. Esta activación ocurre cuando la experiencia imaginada resulta más gratificante de lo esperado, generando lo que se denomina un error de predicción de recompensa.

A nivel computacional, los autores emplearon el modelo de Rescorla-Wagner para describir cómo el cerebro actualiza el valor asignado a las personas en función de la recompensa experimentada durante la simulación. El modelo demostró que el aprendizaje inducido por la imaginación sigue los mismos principios que el aprendizaje basado en la experiencia directa.

El estudio sugirió que imaginar de forma deliberada y vívida situaciones agradables puede influir activamente en las expectativas y elecciones futuras, lo que podría tener aplicaciones en el ámbito deportivo, musical y en la mejora del rendimiento personal. Dabas, del Instituto Max Planck, destacó que “la imaginación no es pasiva. Más bien, puede influir activamente en nuestras expectativas y elecciones”, según declaraciones recogidas por la revista ‘Neuroscience’.

Comprender cómo funciona este sistema tiene aplicaciones potenciales para el estudio de trastornos psiquiátricos. En condiciones como la esquizofrenia, donde se presentan alucinaciones, podrían estar fallando los mecanismos de monitoreo de la realidad que dependen del umbral sensorial.

“Podría ser al revés”, reconoció el neurocientífico Jon Simons, de la Universidad de Cambridge, “tal vez la corteza prefrontal decide si algo es real o no en base a otra señal, y luego retroalimenta al fusiforme para reforzar la experiencia”.

La línea entre lo real y lo imaginado, al menos desde el punto de vista cerebral, parece depender de cuánta intensidad alcanza la señal sensorial conjunta. Y cuando esa señal supera el umbral correcto, el cerebro actúa en consecuencia: lo que sentimos, sea verdadero o no, es aceptado como parte de la realidad. (El Heraldo de Saltillo)

 

https://www.nature.com/articles/s41467-025-66396-2