
La doctora Cristina de la Peña subraya la importancia de la prevención y el cuidado bucal como parte fundamental del bienestar integral
Cada 9 de febrero se conmemora el Día del Dentista, una fecha que no solo reconoce la labor de quienes se dedican al cuidado de la salud bucal, sino que también invita a reflexionar sobre el impacto que una boca sana tiene en la salud general y en la calidad de vida de las personas.
Lejos de ser únicamente una cuestión estética, la salud bucal está estrechamente relacionada con el bienestar del organismo, así lo explica la dentista Cristina de la Peña Astorga, quien advierte que una higiene deficiente puede derivar en enfermedades como caries, gingivitis y periodontitis. Estos padecimientos, si no se atienden oportunamente, no solo afectan dientes y encías, sino que pueden desencadenar complicaciones mayores y generar gastos significativos para el paciente.
Diversos estudios médicos han comprobado que las infecciones bucales guardan relación con enfermedades cardiovasculares, diabetes y problemas respiratorios. “Cada vez que una persona con caries come o toma agua, facilita la entrada de microorganismos al organismo”, explica la especialista. Estos microorganismos, además, tienen afinidad con tejidos del corazón y las articulaciones, lo que vuelve aún más relevante la atención temprana.
Uno de los aspectos más alarmantes es la rapidez con la que actúan las bacterias de la caries: basta entre 20 y 30 minutos para que comiencen a producir ácido y dañen el diente. Por ello, el trabajo del dentista va mucho más allá del consultorio; impacta directamente en la salud general y en la calidad de vida de la población.

PREVENCIÓN Y ATENCIÓN PERSONALIZADA, PILARES DE LA ODONTOLOGÍA
El papel del dentista no se limita a tratar enfermedades, sino que cumple una función preventiva y educativa fundamental, a través de revisiones periódicas, limpiezas profesionales y orientación sobre hábitos de higiene, es posible detectar problemas en etapas tempranas y reducir riesgos a largo plazo.
La doctora De la Peña subraya que todo tratamiento debe ser personalizado, ya que cada paciente tiene necesidades distintas. “Es nuestra obligación como dentistas enseñar a los pacientes a lavarse bien los dientes y orientarlos según su situación específica”, afirma. En este sentido, elegir a un profesional no solo implica evaluar su desempeño clínico, sino también su trato humano, su forma de comunicarse y su capacidad de adaptarse a las expectativas del paciente. Pedir referencias y conocer la experiencia de otros pacientes también es una práctica recomendable.

HÁBITOS QUE MARCAN LA DIFERENCIA DESDE LA INFANCIA
La conmemoración del Día del Dentista pone sobre la mesa la necesidad de fomentar una cultura de prevención desde temprana edad; el cepillado debe comenzar en la infancia y mantenerse como un hábito constante a lo largo de la vida. La especialista recomienda cepillarse al menos tres veces al día, siendo el cepillado nocturno el más importante, ya que durante la noche las bacterias tienen más tiempo para actuar.
Las visitas al dentista cada seis meses permiten detectar problemas a tiempo, lo que resulta menos doloroso y más económico para el paciente, a esto se suma la importancia del uso del hilo dental, una alimentación balanceada y la reducción del consumo de azúcares, factores clave para prevenir enfermedades dentales.

EL CEPILLO, LA TÉCNICA Y EL CUIDADO DIARIO
No todos los cepillos son iguales, un buen cepillo debe tener cerdas flexibles; entre más duro sea, mayor daño puede causar en dientes y encías. Generalmente se recomienda un cepillo que diga normal, aunque la elección ideal debe adaptarse a cada persona y ser consultada con un profesional.
En cuanto a la técnica la de la Peña sugiere iniciar el cepillado solo con agua, hasta eliminar el sabor de los alimentos, y posteriormente usar una pasta dental con flúor. No existe un tiempo exacto de cepillado; el indicador es sensorial: al pasar la lengua por los dientes, estos deben sentirse lisos, sin restos de comida.
El cepillo debe colocarse desde la encía hacia el diente, masajeando suavemente y dividiendo la boca en cuatro partes para una limpieza completa, sin olvidar la lengua. Además, el cepillo debe cambiarse después de una gripa, al regresar de un viaje o cuando las cerdas se abran, éste último generalmente es cada dos o tres meses.
RECONOCER LA LABOR DEL DENTISTA
Finalmente, la doctora Cristina de la Peña Astorga hace un llamado a la población a valorar el cuidado de la salud bucal y a reconocer la dedicación de los dentistas, quienes con vocación y compromiso contribuyen diariamente al bienestar integral de la sociedad. Su labor también se extiende a escuelas, campañas de salud y comunidades, promoviendo la prevención y la educación.
Cuidar la boca es cuidar la salud, porque detrás de cada sonrisa sana, hay un profesional que trabaja para protegerla, recordándonos que una boca sana es reflejo de un cuerpo sano. (Mariana Falcón)




