viernes, febrero 6, 2026
Inicio OPINIÓN CONFIRMADO

CONFIRMADO

Madurar es opcional

Carroll Bryant

Sí o sí, el ser humano es más intolerante consigo mismo que con el mundo: tolera mal la duda, la incertidumbre, la contradicción, peor aún el error y casi nunca soporta la dificultad del proceso de comprensión. Por eso acumula tensiones internas que pocas veces resuelve y las más, tapa: deseos que contradicen valores, expectativas que chocan con hechos, relatos personales que no encajan con lo que ocurre.

Cuando esas tensiones obligan a jerarquizar evidencias y revisar creencias contrarias a lo que se quiere creer, se convierten en conflicto cognitivo, una de las más angustiantes batallas internas, porque van de por medio el sentido de la propia importancia y la identidad. Por eso preferimos evadir de manera sistemática la información que nos pone en jaque y buscamos aquella que reafirma nuestra narrativa. Así pues, nos acercamos al conocimiento casi siempre con un sesgo de confirmación.

El conflicto cognitivo adopta formas distintas. A veces es inconsistencia: sostengo ideas incompatibles entre sí, o actúo contra lo que digo valorar y mi mente busca una salida rápida. En ocasiones es duda prolongada: faltan datos y cualquier decisión es riesgosa. Se presenta también como ambigüedad: los hechos admiten lecturas rivales y la jerarquía de lo relevante se vuelve pelea interna. Finalmente, cualquiera que sea la forma que adopte, puede llegar al extremo de convertirse en una demanda de resolución que excede mis capacidades de comprensión y habilidades de raciocinio.

Durante siglos, la solución más común fue la terquedad. Persistir hasta la muerte en lo que se afirma, aunque ya hubiera fisuras internas. Pero como lo terco no elimina lo incómodo, hoy en día contamos con una herramienta invaluable para sentir alivio bajo el sesgo de confirmación: la inteligencia artificial, capaz de producir razones, ejemplos y conclusiones a medida, con una soltura que parece pensamiento y una docta seguridad.

Independientemente de para qué fue creada, la inteligencia artificial ha sido utilizada como sustituto de la operación humana, acompañante afectivo, compensador de carencias emocionales y, sobre todo, un buen lambiscón, siempre adulándonos y dándonos la razón.  Evita el esfuerzo, anticipa la respuesta, cancela la pregunta, y al hacerlo suprime la fricción que impulsa al cambio.

El sesgo de confirmación se volvió parte indispensable del ecosistema digital, pero al reducir la tensión interna y reforzar la creencia, limita la capacidad de comprensión y análisis, entorpece las habilidades de cognición. Las inteligencias artificiales y los algoritmos de las redes sociales no persiguen verdad ni eficacia cognitiva; sino adhesión suficiente para mantenernos ahí, donde nos queremos quedar.

Resultado: el disenso se percibe como amenaza, la complejidad se vive como agresión y el pensar crítico se experimenta como malestar. La tecnología no solo acompaña una tendencia humana, la entrena.

Ahora bien, el impulso al sesgo de confirmación tiene dos consecuencias graves, una social y la otra individual. En el primer caso, entorpece el acuerdo social; todo mundo tiene suficientes razones para combatir al otro y pocas para ceder. En el segundo tenor, impide la madurez. Así es: quien no es capaz de cambiar de opinión, de enfrentar su conflicto cognitivo y resolver en lugar de evadir, no madura.

Los asistentes generativos, presentados como atajo universal, calman la angustia que produce el conflicto cognitivo diciéndonos lo que queremos escuchar y estructurando la información como nos sea cómoda. Pocos le piden a la inteligencia artificial que los contradiga, los corrija, los cuestione, es decir, los ayude a ampliar sus capacidades cognitivas y fortalecer sus habilidades.

Así nace una ingenuidad autoimpuesta: no la del que no sabe, sino la del que decide no saber lo que lo desarma. Se cree lo que lo calma, repite lo que confirma, se informa a la carta. Quien evita la angustia del conflicto cognitivo envejece intacto, con la seguridad inquebrantable que solo da la ignorancia, una mente frágil, capacidades cognitivas reducidas que ralentizan la comprensión y habilidades oxidadas o nunca desarrolladas.

delasfuentesopina@gmail.com