
Nueve de la noche en una tienda de abarrotes de Saltillo. La dueña cuadra el corte de caja y faltan 140 pesos. Revisa los tickets, cuenta otra vez, pregunta quién atendió entre las cuatro y las seis. Nadie sabe. Es la tercera vez en el mes y la suma ya pasó de mil pesos, pero cada faltante por separado fue tan chico que nunca pareció motivo para una discusión.
Ese patrón tiene nombre en las estadísticas oficiales. El INEGI lo llama robo hormiga y lo define como la sustracción de pequeñas cantidades de bienes, sin violencia, que al contabilizarse producen una afectación grande al patrimonio del negocio. La definición no distingue si lo comete un cliente o un empleado, y la cámara suele apuntar al pasillo, no al mostrador.
Lo que mide la encuesta
La Encuesta Nacional de Victimización de Empresas (ENVE) 2024 del INEGI, con datos de 2023, registró una tasa de 1 002 robos hormiga por cada 10 mil unidades económicas en el país, el tercer delito más frecuente después de la extorsión y del robo o asalto de mercancía y dinero. En el sector Comercio fue el delito número uno, y 31.5 % de los establecimientos comerciales sufrió algún delito ese año. En Coahuila, el robo hormiga fue el segundo delito más frecuente contra los negocios, y el costo promedio del delito por unidad económica en el estado se estimó en 59 973 pesos, arriba del promedio nacional de 54 451.
Esa cifra junta pérdidas y gasto en protección. En 2023, 26 % de las unidades económicas cambió o colocó cerraduras y candados, 20.6 % instaló alarmas o videocámaras, 5 % contrató seguros y 3.9 % pagó vigilancia privada. Casi todo apunta hacia afuera. Cuando el riesgo está del lado de adentro del mostrador, el candado protege poco.
Opción 1: candados y cámaras
Una cámara sobre la caja disuade al cliente ocasional y sirve como prueba cuando algo pasa. El personal, en cambio, sabe dónde queda el ángulo muerto, y revisar horas de grabación para encontrar un faltante de 140 pesos cuesta más que el faltante. Funciona como respaldo, rara vez como control.
Opción 2: corte de caja por turno
Cuesta cero y cambia la conversación. Si cada persona que atiende abre su turno con un fondo contado y lo cierra con un corte firmado, el faltante deja de ser de «la tienda» y pasa a ser de un horario concreto. Un arqueo sorpresa a mitad de turno completa la medida. El límite aparece cuando varias personas comparten el mismo cajón o el mismo celular de cobro durante el día. El corte dice cuánto falta, pero no de quién.
Opción 3: un usuario por persona para cobrar
Con los pagos con tarjeta el problema cambia de forma. Un negocio que cobra acercando la tarjeta al celular suele tener un solo teléfono con la sesión abierta y varias manos que lo usan. Cualquiera puede cobrar y también ver el saldo. Las aplicaciones de cobro resuelven esto con cuentas de colaborador. El dueño invita a cada empleado con su propio correo, le asigna un rol que solo permite cobrar en el local y le niega el acceso a reportes, retiros y facturación. Cada operación queda registrada a nombre de quien la hizo, y el acceso se quita el mismo día en que la persona deja de trabajar.
En Mercado Pago esa función se administra desde la sección de equipo de la cuenta, y para que cada cobro quede ordenado también conviene separar tus finanzas personales de las del negocio paso a paso y con orden. Es la versión digital del corte por turno: la responsabilidad vuelve a tener nombre.
Opción 4: separar funciones
En negocios con dos o más empleados, la regla contable más vieja sigue vigente. Quien recibe la mercancía debe ser distinto de quien la vende, y quien cobra, distinto de quien hace el corte final. Cuando una sola persona controla entrada, venta y caja, nadie cruza los números. Para que falte algo, dos personas tienen que ponerse de acuerdo, y eso ocurre mucho menos.

Lo que dice la ley cuando ya pasó
Según la fracción II del artículo 47 de la Ley Federal del Trabajo, incurrir durante las labores en faltas de probidad u honradez es causa de rescisión sin responsabilidad para el patrón. El despido debe comunicarse por escrito, con la conducta que lo motiva y la fecha; sin ese aviso se considera injustificado. El corte firmado y el registro de quién cobró son lo que convierte una sospecha en una causa demostrable. La ENVE, por su parte, registra que en 2023 solo se denunció 12.2 % de los delitos contra las unidades económicas; por un faltante de cien pesos la denuncia casi nunca ocurre, y el personal lo sabe.
Por dónde empezar
Si tu negocio tiene un solo celular de cobro compartido, empieza por ahí: una cuenta por persona, con permiso solo para cobrar, y corte firmado por turno. Son dos medidas sin costo adicional que se implementan en una tarde. Las cámaras y el candado vienen después, como respaldo. El robo hormiga sobrevive donde nadie puede decir con certeza quién estuvo en la caja.

