
Desde que era chico hubo una frase que me acompaño: “¿un FIFA o qué?” Con amigos, con mi hermano, después de una carne asada, un sábado sin nada que hacer o solo en mis tiempos libres. Y creo que no soy el único. FIFA creció con varias generaciones. Tanto, que hasta apareció una clasificación social bastante chistosa: “Los FIFAs”.
Todos conocemos uno. El que compra el juego cada año aunque jure que “este sí es igual al anterior”. El que tiene un equipo super trabajado en Ultimate Team. El que festeja un gol como si acabara de meterlo en Wembley. Y, por claro, el que pierde 4-0 y jura que el problema fue el control. Yo he pertenecido orgullosamente a esa especie.
Por eso me llamó muchísimo la atención revisar hacia dónde parece querer llevar Electronic Arts a FC 27. Porque nosotros seguimos pensando que compramos un videojuego de futbol, EA está pensando en algo bastante más grande: que dejemos de entrar a jugar un partido y empecemos a vivir dentro de su ecosistema.
Y ahí la cosa se pone buenísima desde el punto de vista de negocios. Durante años el modelo era sumamente fácil de entender. Septiembre. Nuevo FIFA. Setenta u ochenta dólares. Gracias por participar y nos vemos el próximo año.
Pero ese negocio cambió. Según el material que estuve revisando, en 2011 alrededor del 89% de los ingresos venia de vender títulos y apenas 11% de transacciones internas. Para 2026, la relación prácticamente se había volteado: 28.5% por venta de títulos y 71.5% por compras y servicios dentro de los juegos.
Ahí está la jugada. Venderte el juego ya no es el negocio completo. Es meterte al estadio. Una vez adentro vienen Ultimate Team, los FC Points, sobres, personalización, temporadas, contenido y todas esas pequeñas compras que parecen de 100 pesos hasta que un día haces cuentas y descubres que pudiste haber comprado acciones de EA.
El material estima alrededor de mil millones de dólares en ventas del juego base VS unos 1,800 millones anuales relacionados con FC Points. Entonces entendí por qué FC 27 me parece tan interesante. Aparece The Grounds. Ya no solamente eliges al Real Madrid, juegas dos partidos y apagas la consola. Ahora la idea es tener un avatar, convivir con otros jugadores, competir, moverte por espacios digitales y, claro, personalizarte. Porque hasta digitalmente necesitamos mostrar que traemos mejores tenis que el vecino.
El modelo recuerda muchísimo a lo que NBA 2K hizo con The City: convertir un videojuego deportivo en un lugar donde la gente pasa tiempo, socializa y consume. El documento incluso los compara. Y creo que ahí está la pelea. EA ya no compite únicamente contra otro videojuego. Compite contra Netflix. TikTok. Instagram. Fortnite. YouTube. Contra cualquier cosa capaz de quedarse con dos horas de tu domingo.
Estamos entrando de lleno en la economía de la atención. Si tú entras todos los días, tienes amigos ahí, construyes reputación, mejoras a tu jugador, compras ropa y sientes que desaparecer una semana significa quedarte atrás… ya no eres solamente alguien que compró FC 27. Eres parte del producto.
Y todavía hay otra capa. Se habla de publicidad integrada dentro de estadios virtuales, marcas reales, comercio, fantasy sports y apuestas como posibles extensiones de ese ecosistema. La idea de fondo es dejar de pensar en EA Sports como una fábrica de videojuegos y empezar a verla como una plataforma alrededor del aficionado deportivo.
Antes EA quería saber: ¿Vas a comprar FIFA este año? Ahora quiere saber: ¿Cuántas horas de tu vida podemos quedarnos? Y para quienes crecimos diciendo “vamos a echarnos un FIFA”, esto tiene algo curioso. Nosotros crecimos. El juego también. Pasamos de escoger equipo con nuestros amigos en una sala a crear futbolistas virtuales, comprar ropa digital, competir contra desconocidos del otro lado del mundo y vivir dentro de comunidades que nunca cierran.
Puede ser que dentro de algunos años recordaremos con nostalgia cuando FIFA costaba 70 dólares y ahí terminaba el gasto. Qué tiempos tan inocentes. Porque el gran negocio de FC 27 probablemente no sea vendernos futbol.
Eso EA lleva décadas haciéndolo bastante bien. El nuevo negocio es vendernos todo lo que podamos hacer mientras estamos alrededor del futbol. Y ahí entendí algo. La pregunta sigue siendo la misma: “¿Vamos a echarnos un FIFA o qué?”




