
Los votos del siglo pasado
En esta ocasión te platico una historia que sucedió en nuestra hermosa ciudad de Saltillo, cuando empezaba la segunda mitad del siglo XX. En aquellos años, cuando había tan sólo 121 mil Saltillenses, se llevó a cabo una elección para elegir al próximo presidente municipal de nuestra ciudad, en aquella época en la cual el mismo gobierno organizaba las elecciones, los votos eran contados de una manera distinta y cuando la democracia no existía como hoy la conocemos.
La campaña fue entre dos candidatos, uno de ellos el oficial, el otro un médico quien era conocido en la comunidad Saltillense por sus servicios. La ciudad fue tapizada de publicidad y en muchas de las casas se contaba con el calendario de un partido o de otro, además de comales, bueno, hasta cajas de cerillos; sin olvidar los botones metálicos y pañoletas.
El médico estaba consciente que era una elección perdida, que se trataba de recorrer un camino hacia una derrota, sin embargo, la caballerosidad de ambos candidatos era asombrosa, nunca existió ataque personal alguno; ellos no eran grandes amigos, es más ni siquiera amigos, pero sí conocidos; entre ellos siempre existió el respeto.
Llegó el día de la elección, por supuesto en aquella época, existía la hegemonía de un solo partido, el conteo de los votos lo realizaban a escondidas, la gente poco participaba, pues al igual que el médico que participó como candidato sabían que el triunfo sería para el político del partido oficial.
Se dieron los resultados finales, el médico obtuvo 3,300 votos, cerrando número; mientras que el candidato oficial llegó a 8,500 sufragios. El doctor, candidato perdedor, sabía que nunca podría haber llegado a esa cantidad de votos, pues según sus cifras tan sólo obtuvo 300 votos.
Después de analizar la situación de su “gran” cantidad de votos llegó a la conclusión de que el candidato oficial, por caballerosidad, había modificado la cifra, aumentándola en 3 mil votos.
En aquel pequeño pero hermoso Saltillo todos sabían donde vivía cada quien, se sabía perfectamente quien era hijo de cual matrimonio; por lo que no era nada complicado que el médico supiera donde residía el ganador de la elección, quien sería el próximo presidente municipal de nuestra hermosa ciudad.
La caballerosidad del candidato ganador, pensó el médico, era digna de reconocer y agradecer, por lo que decidió ir a platicar con él y agradecerle el gesto. Llegó a la casa del próximo presidente municipal, tocó la puerta, la cual fue abierta precisamente por el candidato ganador, quien sin dudarlo de manera educada lo invitó a pasar al interior de la casa.
Después de un saludo cortés, ambos pasaron a la sala, el anfitrión ofreció una taza de café a la visita, quien la aceptó. Después de una charla informal, el siguiente alcalde de Saltillo le preguntó a su ex contrincante el motivo de la visita domiciliaria; el candidato perdedor, sin titubear, le dio las gracias por el hecho generoso de modificar su cantidad de votos obtenidos incrementándolos en 3 mil, pues era muestra de modales para evitar hacer un ridículo mayúsculo ante los Saltillenses, pues sólo había obtenido 300 votos. El candidato ganador le contestó que el agradecimiento no era necesario, que lo había hecho con mucho gusto pues tampoco se trataría de exponer a nadie ante la comunidad. El doctor, aún con mucha pena, insistió en agradecerle, a lo que el ganador le dijo: “Miré doctor, con gusto le modifiqué la cantidad de sus votos, sumándole 3 mil, pero si no quiere sentirse mal déjeme decirle que yo me sumé 5 mil”.
Y esta es una historia, de dos caballeros, que fueron contrincantes en una elección, una historia en la cual ambos se sinceraron y que sucedió en nuestra hermosa ciudad de Saltillo el siglo pasado, una historia que gracias a la participación ciudadana nunca más volverá a suceder, pero como parte de nuestra historia que debemos de conocer.




