
Hoy 21 de junio se celebra el Día del Padre. Como ocurre cada año, las redes sociales se llenaron de felicitaciones, y por supuesto, memes.
Muchos memes repetían una idea conocida: mientras el Día de la Madre suele celebrarse con regalos y homenajes, el Día del Padre parece pasar casi desapercibido. En uno de los memes más compartidos aparece una madre rodeada de flores, y una gran fiesta familiar; en la imagen de comparación, un padre se felicita a sí mismo frente al espejo.
La broma funciona porque refleja una percepción social ampliamente extendida. Durante generaciones, especialmente en las familias tradicionales, a la figura materna se le ha asignado el rol del cuidado cotidiano y directo de los hijos. Como consecuencia, en esa familia tradicional se reconocen con mayor facilidad los sacrificios visibles de las madres.
Sin embargo, las familias mexicanas del siglo XXI son mucho más diversas que las de hace algunas décadas. Hoy existen hogares encabezados por una madre sola, por un padre solo, por abuelos que ejercen funciones parentales, por familias reconstruidas e incluso por modelos de crianza compartida después de una separación. Esta diversidad obliga a revisar muchos de los estereotipos con los que tradicionalmente entendíamos la paternidad.
Visibilizar a los padres no significa restar importancia a los problemas que enfrentan las mujeres. Sería absurdo negar la violencia de género, la discriminación y las desigualdades históricas como una realidad que exige atención permanente. Pero una sociedad comprometida con la igualdad también debe ser capaz de reconocer algunas situaciones en las que algunos hombres y padres enfrentan obstáculos, o formas de exclusión que merecen ser analizadas.
Un caso que ilustra dramáticamente esta reflexión es el de Zachary Bagby, conocido internacionalmente como Dear Zachary. La historia comenzó con el asesinato de Andrew Bagby, un joven médico canadiense que estaba a punto de convertirse en padre. Tras su muerte, nació su hijo Zachary, y los abuelos paternos emprendieron una larga batalla legal para mantener una relación con su nieto y procurar su protección. Lo que inicialmente parecía una tragedia familiar terminó evidenciando graves fallas institucionales en la valoración de riesgos y en la protección efectiva de la niñez.
Más allá de sus dramáticas circunstancias, el caso invita a reflexionar sobre la importancia de los vínculos paternos y familiares, así como sobre las consecuencias derivadas cuando las autoridades no ponderan adecuadamente el interés superior de la niñez. La indignación social que generó el caso trascendió las fronteras familiares y contribuyó a impulsar reformas legislativas en Canadá, entre ellas la conocida como Bill C-464, orientada a fortalecer los mecanismos de protección de menores en determinados procedimientos judiciales.
La lección es clara: cuando los tribunales analizan conflictos familiares, no pueden decidir a partir de estereotipos sobre lo que significa ser padre o madre; deben decidir a partir de los derechos y necesidades concretas de las niñas y los niños.
En México, la discusión tiene relevancia jurídica creciente. Los tribunales han evolucionado de manera importante en los últimos años. Cada vez es más frecuente encontrar criterios que reconocen que la crianza y el cuidado de los hijos no son responsabilidades exclusivas de las madres. El principio del interés superior de la niñez exige analizar cada caso concreto y evitar decisiones basadas en estereotipos de género. La pregunta ya no debe ser quién es hombre o mujer, sino qué decisión protege mejor el bienestar del niño o de la niña.
Este cambio representa un desafío para jueces. Durante mucho tiempo, el derecho de familia operó bajo ciertas presunciones culturales sobre los roles parentales. Hoy sabemos que existen madres extraordinarias, pero también padres extraordinarios; madres negligentes, pero también padres negligentes. La función de la justicia consiste precisamente en distinguir unos casos de otros a partir de pruebas y no de prejuicios.
Quizá esa sea una de las lecciones más valiosas del Día del Padre. Más allá de los memes o las celebraciones, la fecha nos invita a reflexionar sobre la importancia tanto de la maternidad como la paternidad en su papel de pilares responsables para el bienestar de la familia.




