
POR JANETH MARGARITA VENTURA SOBREVILLA
Lo que no duermes hoy no regresa mañana
“Tengo que terminar el trabajo, aunque no duerma”; esta es una de las creencias más comunes en nuestros tiempos, sobre todo en la vida adulta, cuando cada persona asume la responsabilidad de sus acciones y pensamientos, ya sea en la búsqueda o en el mantenimiento de su independencia emocional o económica. Sin embargo, olvidamos que dormir es fundamental para tener un estilo de vida saludable, preservar la salud, disfrutar de las actividades y desempeñar un rendimiento adecuado en las actividades diarias, pues “lo que no se duerme hoy no se podrá reponer mañana; el tiempo perdido de sueño no regresa, por más pendientes o cosas que debemos, necesitamos o queremos tener”.
Tener un sueño de calidad es esencial para los procesos conductuales, afectivos y cognitivos, ya que influye en funciones básicas como regular nuestras emociones, sensaciones, sentimientos, pensamientos y conductas; tomar decisiones; relacionarnos con los demás; prevenir accidentes; y realizar nuestros trabajos de manera efectiva, entre otras actividades.
Quienes estamos como guías, tutores y profesores estamos familiarizados con el famoso fin de semestre y, con frecuencia, observamos que en las últimas semanas los y las estudiantes expresan que duermen poco porque se quedaron estudiando o terminando un proyecto final. Lamentablemente, dejamos de lado que no dormir genera tensión, mal humor, irritabilidad, falta de concentración, disminuye la memorización y el control de los impulsos.
Estos cambios se deben a que la privación del sueño afecta el funcionamiento de nuestro cerebro, particularmente de la corteza prefrontal (relacionada con el control de impulsos y la regulación de las emociones), además de aumentar la reactividad de la amígdala.
Imaginemos que la amígdala es como una tormenta y la corteza prefrontal es el sistema de drenaje que ayuda a regular el flujo del agua. Cuando dormimos bien, el agua que cae circula y se elimina sin acumularse; pero cuando nos privamos del sueño, el drenaje pierde eficiencia y deja de regular adecuadamente el flujo, provocando que el agua se estanque y eventualmente se desborde. De forma similar, nuestras emociones pueden sentirse más intensas y resultar más difíciles de controlar.
A manera de complementar la información, recordemos que el sueño en los seres humanos tiene dos grandes etapas centrales: el sueño sin movimientos oculares rápidos (NREM, por sus siglas en inglés) y el sueño con movimiento ocular rápido (REM, por sus siglas en inglés). El sueño REM es el que está asociado a las funciones ejecutivas de nuestro cerebro, sobre todo en los procesos de regulación emocional.
La Sociedad Mexicana para la Investigación y la Medicina del Sueño recomienda una serie de acciones para que cada persona tome medidas orientadas a lograr un descanso mediante un sueño de calidad. Entre estas acciones se encuentran:
- Mantener horarios regulares para despertar e ir a dormir.
- Usar la cama únicamente para descansar o dormir, evitando comer o trabajar en ella.
- Cuidar la duración de las siestas durante el día.
- Evitar comer o beber alimentos estimulantes, como los que contienen cafeína o taurina, así como evitar cenas muy pesadas.
- Evitar el uso de pantallas al menos una hora antes de ir a dormir.
- Hacer una rutina de relajación, como meditar, rezar o tal vez realizar un poco de ejercicio.
Ahora ya lo sabes: desvelarte o dejar de dormir no necesariamente es la mejor opción para tu salud. Sin embargo, las actividades de la vida diaria pueden llevarnos ocasionalmente a dejar de dormir. La clave está en aprender a tomar decisiones, organizar los tiempos y generar una buena convivencia con los demás para apoyarse en temporadas difíciles o de estrés.
Janeth Margarita Ventura Sobrevilla
Escuela de Ciencias de la Salud, Unidad Norte




