viernes, junio 5, 2026
Inicio OPINIÓN ANTES DE TIEMPO

ANTES DE TIEMPO

 Pensar el futuro engendra miedo

Krishnamurti

 Anticipar es inevitable. La conciencia se centra en el presente en raras ocasiones; la mayor parte del tiempo va atrás o adelante en el tiempo, revive experiencias, buenas o malas, para tratar de controlar las actuales y las que todavía no ocurren.

La anticipación va más allá de imaginar el futuro. Recuerde que los seres humanos solemos vivir lo imaginado como si fuera real. La emoción no distingue. Así que cuando nos anticipamos a lo que podría ocurrir, en realidad estamos llegando emocionalmente al futuro antes que los hechos, que además podrían ser improbables.

Anticiparse, como todas las facultades humanas, es un arma de doble filo: nos permite prever para prepararnos, pero también puede convertirse en una forma muy eficiente de tortura mental. Ambas maneras de experimentarla dependen de la actitud que adoptamos en el momento presente respecto de las posibilidades imaginadas, misma que es producto, a su vez, de la manera en que nos narramos la vida.

La imaginación es poderosa, construye o destruye en el momento en que la activamos. Nos sentimos según lo imaginado, aunque no estemos conscientes de ello. Al incidir sobre nuestro presente, para bien o para mal, determina nuestro futuro; no necesariamente lo que va a ocurrir, sino la forma en que lo abordaremos. Una actitud optimista ensaya respuestas adecuadas; una pesimista, fracasos repetidos.

Si ante la posibilidad imaginaria de que un día tengamos problemas económicos, somos presas del miedo y nos sentimos impotentes, nos paralizaremos cuando suceda; pero si nos visualizamos resolviendo las situaciones difíciles, a pesar de temerlas, seremos capaces de buscar las soluciones antes de hundirnos en la desesperación.

Ese es el poder de la anticipación cuando tenemos una imaginación muy activa; pero, le repito, depende de la actitud, y esta a su vez de que hayamos o no resuelto los nudos emocionales y sentimentales de nuestro pasado.

Para que la anticipación nos permita centrarnos en la solución y no en el problema, debemos estar atentos a nuestra imaginación, porque su poder va más allá de hacernos sentir bien o mal en el momento en que la activamos: de hecho puede convertir en sentencia condenatoria lo que de otra manera sería solo una circunstancia adversa; pero también puede construir una persona resiliente y dueña de sí misma.

Cuando un posible futuro catastrófico gobierna el ánimo, gobierna también el presente. Estamos viviendo ya lo que tanto tememos, y obtendremos más de eso. Olvídese de la famosa “ley de atracción”, se trata de aquello en que se enfoca y concentra la mente humana. Desde ahí se interpretan la vida y sus experiencias.

Uno empieza a comportarse ante una posibilidad como si fuera destino. Se somete a lo que teme antes de saber si ocurrirá, cómo ocurrirá o con qué recursos reales podrá responder. El miedo, con su vocación administrativa, empieza a tomar decisiones en nombre de una realidad que aún no se presenta.

La anticipación, además de dañar cuando imagina catástrofes, también puede deformarnos cuando imagina triunfos. Hay personas que fantasean durante años con el éxito, pero no lo imaginan como responsabilidad, trabajo sostenido, exposición, aprendizaje o capacidad de sostener una nueva posición; lo hacen como revancha y compensación. En su escena secreta es mucho menos importante construir que cobrar las deudas imaginadas. La expectativa del triunfo futuro le dice que por fin serán vistos, aplaudidos, temidos o autorizados para humillar a quienes los humillaron.

Cuando el éxito anhelado desde la herida llega, pierden pie, porque prepararse para sostenerlo con responsabilidad no era el objetivo, sino usarlo contra alguien. La vida les da una oportunidad para trascender  sus resentimientos y ellos la toman  para darle trámite a su expediente de agravios, reclamando indemnización por todas las heridas acumuladas.

Una última observación: anticipar casi siempre despierta nuestros miedos o nuestros delirios de grandeza. Rara vez lo hacemos para sentirnos seguros. En resumen, no sabemos aprovechar el poder de la imaginación.

delasfuentesopina@gmail.com