
Elecciones a contracorriente
Estoy convencido de que las elecciones en Coahuila no son un laboratorio rumbo a 2027 ni un termómetro de lo que sucede en la política nacional. Aunque serán los únicos comicios del año y la antesala de la competencia por la Cámara de Diputados, la política estatal parece tener su propia lógica y circunstancias.
Las elecciones locales de los últimos años se han desarrollado en un escenario muy distinto al nacional. Subrayo “locales” porque, en los procesos federales, los resultados en Coahuila coinciden con las tendencias del país.
Pero las contiendas por la gubernatura, las alcaldías y el Congreso se juegan en un terreno diferente. Ahí pesan más los liderazgos regionales, las estructuras partidistas y las narrativas que abordan problemas locales. Las señales indican que esta vez no será diferente.
Quienes piensen que Coahuila es una caja de resonancia de la competencia entre partidos nacionales, o que los resultados de la próxima elección serán un adelanto de lo que ocurrirá en el proceso federal del próximo año, probablemente terminarán equivocándose.
Para empezar, los liderazgos locales siguen teniendo más peso que las figuras nacionales. Esto quedó claro durante las recientes visitas de dirigentes partidistas al estado. Su presencia pasó como una pequeña tromba en el desierto: mucho ruido mediático, pero muy poca huella en el ánimo político local.
La mayoría mostró un profundo desconocimiento de los desafíos locales y de lo que estará en juego el próximo 7 de junio. Algunos solo buscan colgarse de los resultados que obtengan sus partidos en Coahuila. Otros intentaron subir artificialmente el tono de la contienda, como queriendo convertir la elección en una extensión de la confrontación partidista nacional. Y otros más se mostraron más interesados en hacerse selfies que en entender el escenario político del estado.
Ese no es el único indicio de que Coahuila sigue una ruta diferente. Las preferencias electorales también parecen avanzar a contracorriente del país. Las encuestas perfilan al PRI con ventaja en los 16 distritos.
Si esta tendencia se confirma, el estado volvería a convertirse, como ocurrió hace tres, seis y nueve años, en una de las pocas reservas de votos que le quedan al priismo nacional. Una ciudadela tricolor dentro de un mapa político dominado por Morena.
Hay otro contraste. Las preocupaciones ciudadanas parecen no coincidir con las del resto del país. Mientras que a nivel nacional se discute sobre el crimen organizado, la violencia, la relación con Estados Unidos o la polarización política, en Coahuila la seguridad ya no se aborda como una crisis, sino como una condición que debe preservarse para mejorar la competitividad.
Por eso es más frecuente escuchar conversaciones sobre empleo, desarrollo productivo, movilidad, crecimiento urbano, servicios públicos y estabilidad. Asuntos de la vida cotidiana.
Eso explica por qué algunas narrativas nacionales no terminan de conectar con el electorado coahuilense y por qué la dinámica política estatal es menos propensa a las batallas ideológicas.
No digo que Coahuila sea una isla ni un oasis ajeno a los problemas nacionales. Los desafíos ahí están, y quizás sean más complejos debido al crecimiento acelerado de las ciudades y las nuevas presiones económicas y sociales.
Pero en una elección local, los votantes valoran primero el desempeño de los gobiernos más cercanos. Lo que ponen en la balanza es la seguridad, el empleo y los servicios públicos.
Y esa lógica poco tiene que ver con las elecciones federales de 2027 o con las confrontaciones entre partidos y dirigentes que hoy dominan la política del centro.




