
Monterrey, NL.- ¿Qué es lo que te hace levantarte cada mañana? No la alarma del celular ni el “deber” de ir a la escuela o trabajar, sino aquello que realmente inspira a ponerse de pie todos los días.
Para algunos puede ser construir una familia o una empresa; para otros, investigar la cura contra una enfermedad, y hay quienes desean dedicar su vida a una causa social o viajar por el mundo.
La búsqueda del propósito de vida suele iniciar en la adolescencia, cuando llega el momento de elegir a qué dedicarse en el futuro, aunque puede mantenerse vigente a lo largo de toda la vida.
Dar con la respuesta no siempre es fácil, pues tiene significados distintos para cada persona y circunstancia. Sin embargo, se ha demostrado que vivir acorde con el propio propósito favorece el bienestar emocional.
Estas son algunas claves para descubrirlo, ya seas un joven que empieza a explorar o un adulto replanteándose el camino.
¿QUÉ TANTO TE CONOCES?
Entre las distintas definiciones, el propósito de vida puede entenderse como aquello que impulsa la existencia y da sentido, dirección y motivación a las acciones cotidianas.
“Lo primero (para descubrirlo) es el autoconocimiento”, señala Norma Guajardo de la Torre, profesora de la Escuela de Psicología de la UDEM y especialista en orientación vocacional y acompañamiento estudiantil.
“A algunos les parecerá muy obvio, pero, en mi experiencia, muchas veces los jóvenes no se conocen”.
En este sentido, explica, el autoconocimiento invita a explorar tres áreas: intereses, habilidades y valores.
“Tus intereses son ¿qué me gusta?, ¿qué disfruto hacer?, ¿qué actividades me dan satisfacción o me hacen dedicarles más tiempo que a otras?”, detalla Guajardo.
“Y luego está la parte de las habilidades: ¿en qué soy bueno?, ¿en qué no batallo o qué veo que se me da fácilmente?”.
También es importante identificar qué valora cada persona y qué considera importante en su vida.
Esos valores son los principios que guían las decisiones personales: cuando las acciones coinciden con ellos, aparece la satisfacción; cuando chocan, surge el estrés.
Hay quienes priorizan la empatía y la lealtad, mientras otros valoran más el aprendizaje, la ambición o la estabilidad.
COMO UN GPS
El propósito de vida es como un GPS que manda señales todo el tiempo, pero si no se le presta atención resulta muy fácil perderse, considera Javier Prieto, vicepresidente de Oxford Leadership Academy México y presidente de Selíder.
“¿Qué te emociona en la vida?”, plantea como una primera señal a la que vale la pena prestar atención.
“Si te emocionas es porque, a lo mejor, esa pasión interna te está diciendo: ‘De aquí eres’. ‘Esto es lo que disfrutas’. ‘Esto es algo que debes capturar y empezar a valorar’”.
Dentro de ese mismo proceso de autoconocimiento, Prieto sugiere observar otras “señales” para explorarse a uno mismo.
Por ejemplo, a aquello que duele, como la pérdida de seres queridos, relaciones o amistades e, incluso, experiencias de bullying.
Basta ver la cantidad de iniciativas sociales que nacen a partir de muertes o enfermedades.
Asimismo, conviene observar aquello que más se disfruta y se hace bien, indica Prieto. Eso que la gente alrededor suele reconocer.
“Si todo el mundo me dice que soy muy bueno para las discusiones en grupo, para organizar, planear o ejecutar, muchas veces ahí hay talento”, ahonda.
“Cuando desarrollo esos talentos, los convierto en fortalezas”.
En estos procesos de exploración, nunca está de más buscar acompañamiento profesional.
DECIDIR CON CONVICCIÓN
Una vez que logras conocerte, dicen los especialistas, hay que atreverse a ser fiel a uno mismo.
Eso implica enfrentar críticas y aprender a seguir adelante a pesar del ruido exterior.
“Hay muchas voces alrededor: familiares que te dicen ‘deberías hacer esto’, amistades que te dicen ‘vente con nosotros’ o mensajes que se escuchan constantemente en las noticias”, señala el mentor estudiantil José Rogelio Rivas.
“Es importante escuchar y saber filtrar lo que nos sirve para poder oír la voz más importante, que es la nuestra”.
También es necesario poner en balanza el estilo de vida que se desea y los sacrificios que se está dispuesto a asumir, enfatiza Rivas.
“Quizá puede haber una limitante en el sueldo, pero tengo más calidad de vida”, ejemplifica el también autor del libro ¿Y ahora qué…? Con la vida adulta: Guía de sobrevivencia para recién graduados.
“O, por ejemplo, quizá me toque un trabajo donde voy a viajar mucho y conocer el mundo, pero veré menos a mis amigos o familiares”.
El sacrificio podría valer la pena si se toma en cuenta que, de acuerdo con diversos estudios en psicología, tener un fuerte sentido de propósito se relaciona con menores tasas de ansiedad y depresión.
Pero tampoco hay que permitir que la presión por definir qué hacer con la vida provoque todavía más estrés, considera Guajardo de la Torre, quien observa con frecuencia una fuerte urgencia por encontrar esa respuesta.
Lejos de ser algo estático, añade, el propósito puede transformarse con el tiempo.
“No todo el tiempo tengo que tener un propósito muy claro”, señala.
“Se va construyendo. Hay veces que nos equivocamos y cambiamos. Y todo eso, sumado, nos lleva a encontrar nuestro propósito en el camino”. (AGENCIA REFORMA)




