jueves, abril 16, 2026
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ALGO QUE VALE LA PENA LEER

Confesiones de un joven novelista 

¿Estamos seguros de que los personajes de ficción no gozan de ningún tipo de existencia? Umberto Eco.

Analicemos la pregunta desde la lógica fundamental. Sabemos que existe una frontera entre la realidad y la ficción. Pero seguramente, alguien lloró la muerte de Ana Karenina o sonrió con las travesuras de Tom Sawyer. Los personajes hacen posible la existencia de sentimientos reales en quienes los leen. Por otro lado, tenemos total y absoluta certeza de que Sherlock Holmes vivió en el 221B de Baker Street en Londres, aunque en la época de Doyle la numeración de Baker Street no llegaba al 221. Años después, el número fue creado y se volvió real porque la ficción así lo exigió. La ficción colonizó la realidad cimentando una casa, primero con palabras y luego, con ladrillos. Por tanto, como objeto cultural del personaje su domicilio fue indiscutible, mientras que, por el contrario, las realidades históricas siempre suelen ser objeto de una minuciosa revisión. Mucho de lo anterior nos hace pensar que los personajes de ficción adquieren una verdad ontológica superior a las personas reales.

Este interesante tema es desarrollado, entre otros más, en “Confesiones de un joven novelista”, del genial escritor, semiólogo y filósofo italiano Umberto Eco, publicado originalmente en 2011 con una 3a reimpresión para México por Lumen en 2025.

No hay que perder de vista el carácter bidimensional de esta recomendación de lectura. Para un escritor, tanto novel como experimentado, más que un simple manual de técnica narrativa, la riqueza del texto lo sitúa en una clase magistral sobre la arquitectura del pensamiento narrativo, la desmitificación de la iluminación mística y la creación de un cosmos literario.

Por otra parte, para los lectores funciona más como un “hilo de Ariadna” que muestra los mecanismos empleados por el escritor, la intención, los límites de la interpretación, o la paradoja de la emoción, hasta llegar a los personajes que por su valor individual logran migrar de la ficción para instalarse en la cultura popular y disfrutar de una vida como mitos independientes. Finalmente, tal como alguna vez dijera el propio Eco, “Hay libros que son para el público, y libros que hacen su propio público”.

Somos lo que hemos leído y esta es, palabra de lector. C/789.