jueves, abril 16, 2026
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DESDE MI ESCRITORIO

¡Sarape, Sarape, Sarape! 

Cada primavera, en Saltillo, no solo cambia el clima: también se renueva la esperanza.

El arranque de la temporada de béisbol vuelve a encender la pasión de una afición que, fiel a su historia, sueña con ver a su equipo en las grandes instancias. No es un anhelo menor; es una expectativa que se ha construido a lo largo de generaciones enteras que han hecho del diamante parte de su identidad.

Pero en Saltillo hay algo más profundo… una identidad que se teje con su gente, con sus calles, con su historia y con sus símbolos. Así como existen personajes que han marcado época como Don Armando Fuentes Aguirre “Catón”, cronista de la vida nacional; el poeta Manuel Acuña, cuya obra sigue resonando en la memoria colectiva; o Fernando Soler, cuyo nombre vive en uno de los recintos culturales más emblemáticos, nuestro Teatro de la Ciudad, pero también hay lugares que cuentan historias y un ambiente que distingue a la capital de Coahuila, y ahí están los Saraperos de Saltillo, inseparables del alma de la ciudad.

No se puede entender a Saltillo sin su béisbol, ni se puede hablar del orgullo regional sin mencionar a una novena que ha llevado el nombre de la ciudad con dignidad a lo largo del país.

Los Saraperos son, en esencia, un reflejo del carácter del norte: trabajadores, resistentes, apasionados. Son ese punto de encuentro donde coinciden generaciones, donde el abuelo comparte historias, el padre revive emociones y los hijos comienzan a escribir las suyas. En cada juego hay algo más que nueve entradas: hay identidad, pertenencia y una emoción colectiva que no se explica, pero se siente.

Hablar de los Saraperos de Saltillo es hablar de tradición, de arraigo y de una historia que este 2026 alcanza ya 56 años de trayectoria. Más de medio siglo en el que han desfilado peloteros que dejaron huella imborrable en la memoria colectiva: figuras como Miguel Solís, Guadalupe Chávez, Gregorio Luque y Navarrete, entre muchos otros, que con su entrega y talento forjaron el carácter de una institución que hoy sigue siendo orgullo de su gente.

Este nuevo arranque no pasa desapercibido. La temporada 2026 llega marcada por una renovación profunda: cambios en la directiva, ajustes en el plantel y una clara intención de construir un equipo competitivo desde sus cimientos. A ello se suman mejoras sustanciales en el emblemático Estadio Francisco I. Madero, que hoy presenta un nuevo rostro: un campo con pasto sintético de última generación, la renovación total de sus butacas y la incorporación de nuevos espacios de comida que buscan mejorar la experiencia de los aficionados dentro del parque.

Detrás de este nuevo impulso se percibe el compromiso de su propietario, César Cantú García, quien ha apostado por devolverle protagonismo a la novena saltillense. No se trata únicamente de invertir en infraestructura o talento, sino de recuperar la conexión con una afición exigente, conocedora y profundamente leal.

Hoy, más que nunca, el reto es claro: responder en el terreno de juego a la ilusión que se respira en las tribunas. Porque en Saltillo el béisbol no es solo un deporte; es una expresión cultural, un motivo de reunión y una bandera que se levanta con orgullo en cada temporada.

Que ruede la pelota, que suene el bat y que vuelva a vibrar el estadio. La afición ya está lista. Y como cada año, con la voz firme y el corazón encendido, el grito vuelve a hacerse presente: Sarape, Sarape, Sarape… ¡Saraperos al ataque!

Buen fin de semana, la frase: “Los días son largos, pero los años cortos”. ¡Ánimo!