lunes, abril 13, 2026
Inicio OPINIÓN NAVAJA LIBRE

NAVAJA LIBRE

Más deuda, menos futuro

El gobierno asegura que la deuda “está bajo control”. Sin embargo, cuando se revisan los datos con detalle, la realidad es muy preocupante. No estamos ante una crisis inmediata, pero sí frente a una tendencia que, de mantenerse, puede comprometer seriamente el desarrollo del país.

El crecimiento de la deuda es innegable. En términos absolutos, México acumula ya más de 18 billones de pesos en obligaciones financieras, con incrementos recientes que superan el billón de pesos en tan solo un año. Aún más ilustrativo: la deuda por habitante prácticamente se ha duplicado en la última década, alcanzando más de 137 mil pesos por persona.

Pero, lo verdaderamente relevante es lo que esta deuda significa para la vida cotidiana de las familias mexicanas.Cada peso destinado al pago de intereses es un peso que deja de invertirse en infraestructura, salud, educación o seguridad. Y ese es el punto se les olvida a Sheinbaum y compañía. La deuda no solo es un número en los informes de Hacienda: es una restricción concreta sobre lo que el Estado puede hacer.

Hoy, el país enfrenta una paradoja preocupante. Mientras la deuda crece, la inversión pública no lo hace al mismo ritmo. Distintos análisis advierten que el aumento del endeudamiento no ha estado acompañado por una expansión proporcional en infraestructura productiva como carreteras, energía o logística, que impulsen el crecimiento económico.

La deuda no es mala por sí misma. De hecho, puede ser una herramienta poderosa para detonar desarrollo cuando se utiliza para financiar proyectos que generen crecimiento futuro. Pero cuando el endeudamiento se destina principalmente a cubrir nóminas o programas sociales, el margen de maniobra del Estado se reduce.

Los datos apuntan en esa dirección. El aumento del gasto estructural, especialmente en pensiones, programas sociales y apoyo a empresas del Estado, está presionando las finanzas públicas de manera sostenida. A esto se suma un crecimiento económico limitado, lo que agrava la relación entre deuda y PIB.

Diversas estimaciones advierten que la deuda podría superar el 55% del PIB en los próximos años, reduciendo el margen de acción ante crisis económicas o choques externos. Y no es un asunto menor: cuando el margen fiscal se estrecha, las decisiones del gobierno dejan de ser estratégicas y se vuelven reactivas.

Las consecuencias son claras. Menos recursos para obra pública significa menos carreteras, menos mantenimiento urbano, menos infraestructura hidráulica. Menos inversión en servicios implica sistemas de salud más saturados, escuelas con menos recursos y seguridad pública con mayores limitaciones. Y todo esto ocurre mientras una parte creciente del presupuesto se destina simplemente a pagar lo que ya se debe.

México no está en una crisis fiscal. Pero sí se encuentra en una pendiente peligrosa: una en la que el endeudamiento crece más rápido que la economía y donde el gasto no está construyendo las bases del desarrollo futuro. Y en ese contexto, la pregunta obligada es: ¿para qué nos estamos endeudando? Porque al final, la deuda no se paga con discursos ni con narrativas optimistas. Se paga con crecimiento, con productividad y con decisiones responsables. Y eso, hoy por hoy, es justamente lo que se demuestra con toda claridad: la irresponsabilidad de los gobiernos de Morena, totalmente dispuestos a empeñar el futuro de México y la prosperidad de sus familias.