
En la vida y en cada actividad que iniciamos, los retos siempre están presentes; es inevitable librarse de ellos. Los podemos encontrar como metas, objetivos o en alguna situación difícil; para enfrentarlos se requiere esfuerzo, así como habilidades y capacidad de superación. Para afrontar los desafíos es necesario tener una motivación que nos impulse a librar los obstáculos que se presenten; por ello, es necesario adquirir conocimientos y desarrollar la habilidad para resolver problemas complejos.
El Diccionario de la Real Academia Española define la palabra reto como provocación o citación al duelo o desafío. También hace referencia a un objetivo o empeño difícil de llevar a cabo, y que constituye por ello un estímulo y un desafió para quien lo enfrenta. La vida nos pone a prueba constantemente; pueden ser desafíos personales, físicos, sociales o económicos. A través ellos demostramos nuestra capacidad de adaptación y la manera en que les hacemos frente.
Debemos estar preparados para los cambios y aprender a afrontarlos, ya sean mayores o menores. Recuerdo a una persona que se resistía a jubilarse; la decisión de hacerlo iba acompañada de miedo, pues su vida giraba en torno al trabajo y no se visualizaba sin él. Llegó el momento en que la compañía le pidió que lo hiciera, así que no le quedó más remedio que aceptarlo. Se encerró en su casa durante un año; la tristeza y la decepción la acompañaron, al sentir que había dado su vida al trabajo y que así le pagaban.
Cuando su mejor amiga tomó la decisión de hacer lo mismo, ella se sintió liberada. Agradeció el tiempo que había laborado, siempre dando lo mejor de sí en su empresa, y comprendió que ahora tenía la oportunidad de hacer lo que le gustaba: se metió a tomar clases de baile, se inscribió en un curso de comida sana, hizo nuevos amigos y viajó con personas de su condición, conociendo nuevos lugares y culturas. Todas estas experiencias la ayudaron a crecer como persona y a no limitarse.
No cabe duda de que, para vencer los desafíos de la vida, es necesario, en primera instancia, cambiar nuestras creencias, esas “verdades subjetivas” que influyen en la manera en que percibimos el mundo y la interpretación que le damos, y van acompañadas de nuestras decisiones. En ellas están presentes: la educación, la cultura, las normas sociales; algunas son conscientes y otras inconscientes. Hay creencias que son positivas y nos ayudan a crecer, pero, desafortunadamente, otras son negativas porque limitan nuestra forma de pensar.
Siempre estamos expuestos a diferentes tipos de retos, por mencionar algunos: de crecimiento personal, como cambiar de hábitos o aprender nuevas habilidades; físicos, mejorar la salud o la condición física; profesionales, poder cambiar de empleo o afrontar el desempleo; económicos, aprender a gestionar deudas o enfrentar problemas financieros; y personales, vivir los duelos de todo tipo, conflictos personales o adaptarse a nuevos entornos sociales.
Lo ideal para superarlos es, en primer lugar, mantenerse siempre positivos, entender que nada es para siempre y cultivar la resiliencia, es decir, esa capacidad para sobreponerse a los desafíos y salir fortalecidos de ellos. También es importante comprender que los obstáculos son oportunidades de aprendizaje y que no es un fracaso volver a empezar. Recuerdo que mi abuela me repetía constantemente que, cuando nos sucede algo malo es porque vienen cosas mejores.




