viernes, abril 10, 2026
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ALGO QUE VALE LA PENA LEER

La biblioteca del censor de libros

Imaginemos un futuro donde la imaginación es una enfermedad y los libros (que suelen provocarla), son destinados a la censura y eliminación. Existe entonces el empleo de “censor de libros” como un filtro del pensamiento, cuya función es detectar amenazas para eliminarlas. Pero, ¿Qué sucedería si un censor, luego de leer “Zorba el griego”, comienza a ver danzar en su mente ideas exclusivamente humanas que un sistema no puede limitar? La autora kuwaití, Bothayna Al-Essa, voz sobresaliente de la literatura árabe contemporánea, ofrece en su última novela: «La biblioteca del censor de libros» (Editorial Fiordo 2026), el más puro realismo mágico distópico como crítica a la deshumanización del mundo moderno.

Evocamos, por supuesto a “Fahrenheit 451” de Bradbury, como escenario donde las ideas son inflamables. Pero también (en un andar recurrente de mapas de libertad esparcidos como migas de pan literarias) a lo largo de la obra experimentamos el “gran hermano que vigila”, visitamos Oz, o rompemos junto a Alicia y el poder de la imaginación al espejo opresor. Referencias literarias, entre muchas más, que la autora incluye para convertir al lector en cómplice del protagonista, pues si reconoces alguna mención, eres parte seguramente también, de la “resistencia”.

Los personajes carecen de nombres: Primer sensor, nuevo sensor, secretario, representan la despersonalización intencional de la autora para intensificar la idea de una censura en la que hasta el nombre ha sido confiscado por el Estado. En su lugar, los individuos se han vuelto “categorías” de un nuevo realismo positivo, en el que: “La existencia humana es sufrimiento. La raíz del sufrimiento es el deseo. La raíz del deseo es la imaginación”. Leer se considera entonces, el acto de desobediencia más silencioso y poderoso del mundo.

La novela funciona a la perfección como una crítica excepcional a la estandarización del pensamiento, pues en esta era de los algoritmos propone reflexionar que la censura no siempre proviene de un gobierno totalitario, sino también, de la apatía y falta de pensamiento crítico. Hoy no es necesario un censor físico que queme libros, el algoritmo cumple esa función: Decide que debemos leer basándose apenas en la probabilidad de un simple “clic”.

 

Somos lo que hemos leído y esta es, palabra de lector.