
Hace poco hablaba con un amigo empresario cuyo giro es la innovación tecnológica, que a su vez es egresado del MIT; y me hacía un planteamiento muy interesante: “Yo a mis hijas las pongo a usar inteligencia artificial para hacer todas sus tareas”.
¿Eso es ético? ¿Atenta contra el pensamiento crítico? ¿Fomenta la delegación cognitiva? Son muchos pensamientos que inicialmente podemos tener, pero la verdad es que la inteligencia artificial es una realidad ineludible tan dañina o productiva como cualquier herramienta.
Hace no muchos años en las aulas escolares se “criminalizaba” el uso de teléfonos celulares, y ya que no era común su uso más allá del ocio; hoy en día hay recintos en los que son permitidos y utilizados como herramientas educativas. También hay posturas actuales que defienden la educación “libre de pantallas”, y en consecuencia libres de la inteligencia artificial.
Previamente y ante el propio Congreso del Estado de Coahuila de Zaragoza promovimos una iniciativa tendiente a regular la industria inteligente; buscando generar un marco regulatorio ético, responsable y neutro que permita potenciar la productividad tecnológica, sin comprometer los derechos de los Coahuilenses.
Esto bajo el antecedente de que, en estados como Guanajuato, Hidalgo, y Zacatecas se ha comenzado a regular el uso de la IA en el trabajo legislativo. Sin duda, un punto de partida muy importante para comenzar a regular la inteligencia artificial en el campo del derecho.
Ahora, en el campo judicial ¿Qué pasaría si un abogado comienza a utilizar IA para redactar sus demandas, promociones, y contratos? ¿Sería ético? ¿Confiable? Supongamos que los Jueces o Secretarios comiencen a utilizar inteligencia artificial para proyectar sentencias ¿Sería inadecuado?
Yo creo que por el momento no, en primer lugar, porque en el caso de los jueces, la reforma judicial generó “rompimiento” del sistema meritocrático, que de alguna forma garantizaba que llegaran los más peritos en su respectiva materia, no sólo los más populares. (Destacando la enorme complejidad que representa para el ciudadano, el verdaderamente conocer el perfil por el que se encuentra votando).
En segundo plano, porque se puede prestar a la delegación cognitiva, y sobre todo, porque no existe un marco regulatorio adecuado que sancione las malas prácticas derivadas del uso abusivo de la inteligencia artificial. Situación que sin duda puede afectar los derechos de las personas justiciables.
No obstante, esta semana, al cursar el doctorado, el Dr. Javier Carrasco nos presentó diversos sistemas de inteligencia artificial, que pueden servir como herramienta de productividad para revisar nuestra metodología, obviamente bajo los respectivos controles de trazabilidad.
Llamó particularmente mi atención, que nos mostró que ya existen declaratorias de uso responsable de inteligencia artificial en trabajos académicos; lo que va en la misma línea de pensamiento, tendiente a tratar a la IA como una herramienta tecnológica más.
Es decir, se está fraguando la posibilidad de aclarar en las publicaciones académicas; tesinas y tesis para la obtención de grados; marcos éticos que establecen como se implementó y usó la IA para garantizar que sea segura, transparente, justa, y ética, evitando sesgos de discriminación y mal uso.
Situación completamente revolucionaria y que seguramente en algunos años será común, aunque por el momento es una necesidad legal que ha surgido y no se ha atendido. Por lo que la legislación educativa y universitaria se debe ir adecuando a la nueva realidad de la industria inteligente, tanto en la formación académica como en el ejercicio profesional, por ejemplo, en el campo de la abogacía.
- El autor es secretario general del Saltillo Barrister Inn de Phi Delta Phi, Doctorando por el Instituto de Investigaciones y Capacitación Electoral del Tribunal Electoral del Estado de Jalisco.




