
Cuando trabajar ya no basta
En México existe una idea profundamente arraigada: que quien trabaja duro puede salir adelante. Durante décadas, ese principio fue una de las bases de la movilidad social en el país. Sin embargo, hoy millones de familias mexicanas enfrentan una realidad distinta: trabajan todos los días y aun así no logran superar la pobreza. Las cifras recientes del mercado laboral ayudan a entender por qué.
De acuerdo con el Centro de Estudios Espinosa Yglesias, 11.9 millones de hogares han experimentado pobreza laboral, una condición que ocurre cuando los ingresos por trabajo de toda la familia no alcanzan siquiera para comprar la canasta alimentaria. Lo más preocupante es que 65% de esos hogares permanece atrapado en esa situación durante al menos un año. Esto demuestra que el problema no es solo la falta de empleo, sino también la calidad del empleo disponible.
Y las señales del mercado laboral no son alentadoras. Tan solo en enero de este año el país perdió más de 705 mil empleos, una cifra que equivale a dos terceras partes de todos los puestos creados durante 2025. Lo más grave es que la mayor parte de estos empleos eran formales. Cuando desaparecen estos trabajos, las personas no tienen muchas opciones: terminan refugiándose en la informalidad.
Por eso, hoy 55% de los trabajadores mexicanos se encuentra en el sector informal, sin prestaciones, sin seguridad social y con ingresos que muchas veces dependen del día a día. Incluso el crecimiento del empleo reciente confirma esta tendencia. En 2025 todos los nuevos puestos de trabajo se generaron en la informalidad, mientras el empleo formal registró una pérdida de más de 195 mil plazas. Esta dinámica tiene efectos profundos en la vida de las familias.
La informalidad reduce las oportunidades de ahorrar, limita el acceso a créditos, dificulta la construcción de una pensión digna y deja a millones de trabajadores desprotegidos ante enfermedades o crisis económicas. En otras palabras, millones de familias viven con incertidumbre permanente.
Por eso resulta preocupante que el gobierno prefiera construir narrativas optimistas en lugar de reconocer la complejidad del problema. México necesita una economía que genere oportunidades reales: más inversión, más crecimiento y más empleos formales. Porque cuando el trabajo deja de ser una puerta para salir adelante, lo que está en riesgo no es solo el bienestar económico de las familias, sino también la confianza en el futuro del país.




