
Desde Coahuila, Vanessa Martínez Sosa impulsa programas que acercan la cultura científica a niñas y jóvenes, demostrando que la ciencia no es intimidante, sino una herramienta viva para cambiar el mundo
Cada 11 de febrero se conmemora el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, una fecha proclamada por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en 2015 con el objetivo de reconocer el papel fundamental de las mujeres en los ámbitos científicos y tecnológicos, y promover su participación plena y equitativa.
Expertos coinciden en que fomentar vocaciones científicas desde la infancia es esencial. Talleres de robótica, ferias científicas escolares y programas de mentoría con investigadoras activas ayudan a despertar el interés de niñas y adolescentes por la ciencia.
En un país donde la ciencia aún lucha contra mitos y estereotipos, Vanessa Martínez Sosa, coordinadora de Desarrollo Científico en el Consejo Estatal de Ciencia y Tecnología de Coahuila (Coecyt) y secretaria técnica del Fondo para la Ciencia y Tecnología de Coahuila (Foncyt), tiene clara su misión: acercar el conocimiento a niñas, niños y jóvenes desde la primera infancia y demostrar que la ciencia no es inaccesible ni intimidante, sino una experiencia viva, creativa y profundamente humana.
“Como coordinadora tengo a mi cargo proyectos para desarrollar e impulsar la investigación. Estamos dando capacitaciones y formación continua a profesores de todos los niveles educativos, pero la parte que más me apasiona es el trabajo para desarrollar proyectos de cultura científica y cultura de la innovación para niños y jóvenes”, afirma.
CIENCIA DESDE LA PRIMERA INFANCIA
Rodeada de un equipo que describe como talentoso y con visión estratégica, Martínez Sosa impulsa programas que buscan que la sociedad aproveche el conocimiento científico desde edades tempranas, específicamente desde tercer grado de preescolar.
Entre las iniciativas destacan la Feria de Ciencias y Creatividad —un concurso de proyectos científicos, tecnológicos y sociales para estudiantes de primaria y secundaria— y el Concurso Estatal de Dibujo y Pintura, que este año celebra su sexta edición y convoca desde tercer grado de preescolar hasta tercero de secundaria. La respuesta, asegura, ha sido creciente.
“Es fantástico porque cada año se incrementa más la participación, es una maravilla ver cómo niñas y niños plantean una pregunta de investigación, definen un problema, presentan hipótesis, prueban, ensayan, se equivocan y aprenden en el proceso” comparte.

ROMPER LOS MITOS QUE ALEJAN
Uno de los mayores obstáculos, considera, son los mitos que rodean a la ciencia, la investigación y la tecnología, se les percibe como algo difícil, complicado o incluso temible, sin embargo no se dan cuenta que es una delicia aprender ciencia, el observar, experimentar, analizar datos, hacer entrevistas y encuestas, leer, informarse. La ciencia no es algo estático ni perfecto; es un constructo humano que está en constante avance, menciona Vanessa Martínez Sosa.
Para ella, si el profesorado logra enseñar ciencias de manera más atractiva y entretenida, se podrá reducir la deserción escolar en materias como matemáticas, química o física. Por eso, además de concursos y ferias, el Coecyt desarrolla talleres y clubes de ciencia en robótica, mecatrónica, química, física, biología y medio ambiente. En los últimos cinco años han incorporado también la dimensión humana: creatividad, pensamiento divergente, manejo de emociones y autoconocimiento. “Queremos que cada persona vea el universo infinito de posibilidades que es ella misma” puntualiza.
UNA VOCACIÓN QUE NACIÓ ANTES DE SABER LEER
La historia personal de Vanessa explica su convicción, pues de niña recibió una enciclopedia británica infantil como regalo. Antes de saber leer, los dibujos y los temas despertaron su curiosidad. Más tarde, una familiar que trabajaba en un laboratorio de análisis clínicos le regalaba lupas y cajas Petri. “Yo jugaba a experimentar hasta que tuve mi primer juego de química”.
Sin embargo, su paso por la escuela estuvo marcado por la falta de laboratorios. A los 13 años, realizó lo que llama su “primer acto de política científica”: reunió firmas para exigir que se habilitaran espacios de experimentación. “Aprendí que, aun siendo jóvenes, podemos movilizarnos”.
Su formación académica refleja un trayecto interdisciplinario: licenciatura en Mercadotecnia, con enfoque en investigaciones sociales y de mercado; maestría en Ciencias de la Educación; y doctorado en Estudios Humanísticos con especialidad en Ciencia y Tecnología. Becas y estancias en centros de investigación, incluida una otorgada por la Academia Mexicana de Ciencias en Texcoco, consolidaron su camino.
“Pareciera que no van de la mano, pero todo en conjunto me permite desarrollar proyectos estratégicos y comprender lo que necesitan los maestros. Lo que yo batallé para encontrar puertas abiertas me impulsa a abrirlas para las nuevas generaciones”.

MÁS QUE UN DÍA: UN MES PARA LAS MUJERES EN LA CIENCIA
En el marco del 11 de febrero, Día Internacional de las Mujeres y las Niñas en la Ciencia, el Coecyt, en colaboración con la Red de Mujeres en la Ciencia y la Innovación Social, decidió ir más allá de una sola fecha conmemorativa.
“Estamos lanzando el Mes de las Niñas, Adolescentes, Jóvenes y Mujeres en la Ciencia, la Innovación y la Transformación Social”, explica. Durante un mes se realizan actividades de astronomía, robótica y también talleres sobre emociones y autoconocimiento. No basta un día para celebrar. Queremos que niñas, adolescentes y mujeres encuentren su espacio en el mundo. Si es en la ciencia, fantástico”.
Martínez Sosa subraya que el objetivo no es separar, sino sumar: que niños y jóvenes vean que existen mujeres científicas e investigadoras que aportan igual que cualquier hombre. “Somos humanidad, somos 50/50, y tenemos que construir un mundo mejor en conjunto, es la parte más importante que he aprendido en el mundo de la ciencia es que no se construye sola, sino que los avances son en colaboración”.
En mi caso, tengo la fortuna de estar acompañada por excelente equipo colaborativo que se ocupa de proyectos y programas para llevar la cultura científica a niñas, niños, adolescentes y jóvenes de Coahuila. Su disciplina, creatividad y talento son fundamentales para el desarrollo de un ecosistema de ciencia e innovación en Coahuila.
CONSTRUIR SIN MIEDO
Con casi 25 años en el ámbito de la ciencia y la tecnología en Coahuila, Vanessa Martínez Sosa resume su mensaje en una frase que le hubiera gustado escuchar en su infancia: “No tengas miedo”.
Porque —dice— cuando se rompen los miedos y se aprende a superarlos, es cuando cada persona descubre su potencial, y para ella, esa es la verdadera revolución científica: formar generaciones que piensen, cuestionen, creen e innoven sin temor, con la certeza de que la ciencia también les pertenece.




