
Londres, Inglaterra.- En un mundo en el que 2 mil 500 millones de personas tienen sobrepeso (según datos de la OMS del 2022), cualquier método “mágico” para combatirlo se convierte en una moda atractiva. En los últimos diez años, eso es lo que ha sucedido con el ayuno intermitente, el régimen que propone 14 o 16 horas consecutivas de ayuno todos los días.
La obesidad es un importante problema de salud pública y se ha convertido en una de las principales causas de muerte en los países más desarrollados económicamente.
El ayuno intermitente, que consiste en permanecer largos periodos sin comer, ha ganado mucha popularidad en los últimos años impulsado por las redes sociales, los ‘influencers’ de estilo de vida y las promesas de una rápida pérdida de peso.
Diferentes estudios encontraron que este modelo era efectivo para la pérdida de grasa y reducía la inflamación. Incluso, investigadores del King’s College de Londres comprobaron que disminuía el riesgo de sufrir algunos tipos de cáncer. Fuera del ámbito científico, figuras internacionales, desde LeBron James hasta Jennifer López, promovieron el ayuno intermitente.
Una de las modalidades más extendidas consiste en ayunar durante dieciséis horas y concentrar las comidas en una franja de ocho. Algunas personas confían en ayunos de 24 horas dos veces por semana. Sin embargo, las pruebas más recientes sugieren que los beneficios de estos métodos pueden ser limitados.
El equipo de investigación ha analizado datos de 22 ensayos clínicos aleatorizados con mil 995 adultos en Norteamérica, Europa, China, Australia y Sudamérica. Los estudios evaluaron distintas formas de ayuno intermitente, entre ellas el ayuno en días alternos, el ayuno periódico y la alimentación restringida en el tiempo. La mayoría hizo un seguimiento de los participantes durante un máximo de 12 meses.
De media, las personas que siguieron ayuno intermitente adelgazaron en torno a un 3 por ciento de su peso corporal, por debajo del umbral del 5 por ciento que los médicos suelen considerar clínicamente significativo para mejorar la salud. La información sobre los efectos secundarios fue irregular entre los ensayos, lo que dificulta extraer conclusiones firmes. La base de evidencia sigue siendo limitada, con solo 22 estudios, muchos con muestras pequeñas y datos poco homogéneos.
“El ayuno intermitente simplemente no parece funcionar para adultos con sobrepeso u obesidad que intentan perder peso”, afirmó Luis Garegnani, autor principal de la revisión del Centro Cochrane Asociado del Hospital Italiano de Buenos Aires, que luego añadió: “Podría ser una opción razonable para algunas personas, pero la evidencia actual no justifica el entusiasmo que vemos en las redes sociales”.
Lo que los autores constataron es que el ayuno intermitente “no está a la altura de la fama” y que los médicos deben adoptar un enfoque individualizado para asesorar a cada paciente en el proceso de adelgazar. Sin embargo, reconocen que algunas muestras del estudio son inconsistentes y que se necesitan más investigaciones en poblaciones de países de ingresos bajos y medios porque podrían comportarse de forma diferente a la mayoría de la muestra (obesidad en países de ingresos altos).
Más allá del sobrepeso, sugieren más investigación para abordar el efecto del ayuno intermitente en la satisfacción de los participantes, estado de diabetes y medidas generales de comorbilidades.
Los autores advierten de que los resultados aportan pistas, pero no pueden aplicarse al conjunto de la población, ya que pueden variar según el sexo, la edad, el origen étnico, el estado de salud o la presencia de trastornos de la conducta alimentaria. (El Heraldo de Saltillo)
https://www.cochranelibrary.com/cdsr/doi/10.1002/14651858.CD015610.pub2/full




