
Pásele a leer “Duermevelas”, Adela Fernández.
Solitarios, extraños, marginados, rotos, fascinantes; así son los personajes que Adela Fernández retrata en su antología «Duermevelas» que forma parte de la iniciativa 25 para el 25, ejemplares gratuitos que pueden obtenerse en la Librería Carlos Monsiváis, en nuestra ciudad de Saltillo.
A pesar de contar con solo 80 páginas, esta obra no es una lectura rápida, ya que nos obliga a entrar en el imaginario de Adela Fernández y nos empuja a parajes exóticos donde los huérfanos mueren a causa de incendios solares y los prodigios ocurren en el vientre de una mujer totalmente estéril.
Tan fascinante es cada historia como la propia introducción a la antología, «A la niña ya la atrapó otra duermevela y cuando despierte se soltará a contarnos historias insensatas y sin juicio»
Nos acostumbraron a los cuentos de hadas, a las historias de princesas y caballeros medievales, al felices para siempre después de grandes hazañas para preservar un amor a pesar de todo y contra todo, a las historias «ad hoc» al 14 de febrero, bueno pues este no es uno de esos cuentos, todo lo contrario, las historias de Fernández quizás se acercan más al terror psicológico, al horror con tintes de realismo mágico y sabores cotidianos.
Tradicionalmente febrero es nombrado como «el mes del amor», ese amor romántico que tanto daño le ocasiona a las relaciones y sobre todo a las mujeres dentro de ellas, quizá conviene dar una mirada distinta a las relaciones y al amor.
Duermevelas es crudo, aquí no solo no existe el amor romántico, tampoco el fraternal, el amor de madre, el amor al prójimo o a uno mismo.
A través de los 17 cuentos que conforman esta antología se habla del deseo, miedo, egoísmo, depresión, rechazo, desasosiego y «locura» como partes de la condición humana, vistos dentro de la vida misma y su naturaleza, aprovechándose de ellos para construir una forma distinta de narrar.
Por ello, hay cuentos que nos incitan a sentir el mismo desprecio por los protagonistas que los demás personajes, y a medida que avanza la lectura uno no puede dejar de imaginar y hasta sentir las mismas emociones y experiencias escritas, hasta que algo cambia, porque en el transcurso de la lectura la condición antes vista como desagradable puede trastocarse en algo mejor, hasta divino, lo que antes se despreciaba ahora se ansía y se disfruta, quizá sólo bastaba mirar desde otra arista, quizá sólo depende de la actitud que tomemos frente a la vida o la lectura, que en este caso, bien pudiera ser lo mismo.




