lunes, febrero 9, 2026
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A LA BÁSCULA

Resabios de los abrazos, no balazos

Dice un lugar común que ‘tanto peca el que mata la vaca, como el que le jala la pata’, y en términos de violencia e inseguridad, tanto ha pecado el presidente de cuyo nombre no quiero acordarme, autor de la ‘estrategia’ conocida como ‘abrazos, o balazos’, como quien le sucedió en el cargo, y sigue consecuentando a personajes e ignorando hechos que, en cualquier país del mundo, tendría serias consecuencias.

Rubén Rocha Moya, quien fue hecho gobernador de Sinaloa por obra y gracia de ya sabe usted quién, de quien recibió la bendición desde el púlpito presidencial, es un tipo que no solo es incapaz para el cargo que ocupa, sino que es cínico, desvergonzado, que ha sido exhibido incluso por el narcotraficante Ismael ‘Mayo’ Zambada, que lo acusó directamente del asesinato de Melesio Cuen, rival político del mandatario sinaloense.

En su momento, las declaraciones vía una carta entregada por la defensa del Mayo detalló la forma en que se desarrollaron los hechos el día que fue ‘puesto’ por el hijo de Joaquín ‘Chapo’ Guzmán. En el documento narra que Cuen fue ultimado en el mismo sitio en el que él fue ‘entregado’, y desenmascaró la trama urdida por Rocha Moya y su fiscal, que construyeron una narrativa de que Héctor Melesio Cuen había sido herido de bala durante un intento de asalto en una gasolinera, y pese a haber sido trasladado a un hospital, al que habría llegado sin signos vitales.

Las investigaciones arrojaron que la versión apegada a la realidad fue la del Mayo, y la oficial del gobierno encabezado por Rocha Moya no solo era un invento, sino que alteraron la escena del crimen e incluso manipularon y movieron de distintos sitios el cuerpo ya sin vida de Cuen. Pese a ello la bendición desde el púlpito presidencial lo ha protegido desde entonces, a pesar de la al parecer interminable violencia en el estado de Sinaloa, desatada entre las facciones de los Mayitos y los Chapitos tras la entrega de Zambada.

En la entidad también se han venido sucediendo desapariciones sin que la fiscalía y el gobierno de Rocha Moya hayan resuelto un solo caso, como el del jovencito duranguense Carlos Emilio quien ‘desapareció’ al ir al baño en un antro propiedad del que en ese momento era el secretario de Economía del gobierno del estado. A principios de este mes cuatro hombres originarios del Estado de México, desaparecieron también en el puerto mazatleco, sin dejar aparentemente huellas.

Y el 23 de enero 10 mineros, trabajadores de la minera canadiense Vizsla Silver Corp. desaparecieron. Cuatro de ellos ya fueron identificados de entre un grupo de cadáveres que fueron recuperados de una fosa clandestina en la Comunidad de El Verde.

Como ha ocurrido siempre, Rocha Moya, dueño de un cinismo escandaloso e insultante, eludió hablar del tema, cuando periodistas le cuestionaron si el gobierno del estado habría tenido contacto con la empresa minera concesionaria de Concordia, y si se mantendría en operaciones. “Yo no puedo dar información porque no la tengo precisa”, dijo y argumentó que no podía dar información porque el caso había sido atraído por la Fiscalía General de la República, y no quería interferir.

Recientemente cuando le preguntaron qué opinaba del caso del alcalde de Tequila Jalisco, Diego Rivera, recientemente detenido, con el cinismo que le caracteriza respondió: “No sé lo de Sinaloa, menos lo de Tequila, discúlpenme”.

Pero qué se podría esperar de un tipo que cuando era gobernador electo, y el periodista Salvador Soto le preguntó cómo se gobierna un estado con un cartel tan poderoso como el de Sinaloa. Rocha Moya no tuvo el menor empacho en responder: “Pues mira, no nos hagamos pendejos. Aquí todo mundo sabe cómo está la cosa. Yo fui y hablé con ellos, los conozco porque soy de Badiraguato. Y yo fui a pedirles su apoyo. Quien te diga que quiere gobernar Sinaloa y no tiene el visto bueno de ellos, te miente. Así es la cosa aquí, para qué nos hacemos pendejos”.

De Rubén Rocha Moya no se puede esperar otra cosa, pero el mayor desastre que ha vivido Sinaloa en toda su historia se ha dado en la actual administración federal y sigue en su puesto tan campante lo que no podría ser si no tuviera la protección desde Palacio Nacional. Por eso decimos que tanto peca el que mata a la vaca (quien lo puso en el puesto) como el que le jala la pata (quien lo ha venido solapando y lo mantiene en el puesto). En cualquier otro país del mundo, Rubén Rocha Moya no solo hubiera sido cesado de manera fulminante, sino que desde hace un buen tiempo ya estaría metido en la cárcel.

Pero dicen que a cada santito se le llega su milagrito: su cabeza y la de Adán Augusto López, son dos de las que viene pidiendo el gobierno de Estados Unidos, y en una de esas no lo pueden sostener más, y lo entregarán como sacrificio en bien del ‘Movimiento’.

 

laotraplana@gmail.com

 

X= @JulianParraIba